Sanación femenina

El reencuentro entre la madre interna y la niña interior

Debemos saber que muchos arquetiposviven en potencia dentro nuestro. Vive una madre, vive un padre y también vive una hija. Y me atrevo a asegurar que todos ellos vienen tanto de nuestra memoria ancestral heredada como de los hitos que marcaron nuestra línea de vida, siendo una construcción que se va gestando desde la internalización de los propios padres y de nosotras mismas cuando pequeñas.

Por lo tanto mi forma de maternar mi vida, mis proyectos y mis relaciones vendría directamente de la construcción de esta madre interna (Concepto de Bethany Webster). Por otro lado las heridas de mi niña interna tendrían su propia voz y expresión en dilemas que solemos vivir de adultos. Apareciendo incluso como autoboicots o miedos irracionales a situaciones ante las cuales tenemos todas las posibilidades de salir airosos.

Hace tiempo atrás en un trabajo terapéutico, me di cuenta que cada vez que iba a iniciar un proyecto nuevo entraba en pánico injustificado al punto de tener fuertes dolores de estómago que me paralizaban. Desde allí llegué a la imagen de yo misma a los 5 años esperando ser llevada a mi primer día de escuela, nadie me había explicado nada, sólo sentía miedo de lo que me esperaba allí. Así la sanación ocurrió cuando me visualicé a mi misma de adulta tomando a esta niña pequeña, abrazándola y explicándole que todo estaba bien. Así muchas veces cuando entraba en pánico y aparecía el dolor en el vientre, recordaba cuál era su origen. Un día  ya no apareció más.

Por lo tanto para dar pie y empoderar a la mujer adulta, no espero ni soltar, ni liberar, ni olvidar a mi niña interna. Por el contrario,  lo que me ha resultado más sano es dejar en completa libertad todos estos aspectos dentro de mí, para que entre si decidan entablar amistad y darse permiso los unos a los otros para salir a la luz en su momento preciso. Incluso he llegado a experimentan la sensación tremendamente sanadora de maternar mi niña interna desde la madre que vive en mí, lo que se traduce en mimarme, cocinarme, arroparme o hasta incluso leerme o cantarme. Ese reencuentro entre ambos aspectos es tremendamente sanador.

Específicamente, con la lectura desde temprana edad, descubrí que el hecho de leerte a ti misma un cuento desde una disociación terapéutica en que la madre interior cuida a la niña interior (en momentos de caos o tranquilidad), es una muestra de amor tremendamente sublime, sutil y plagada de ternura hacia nosotras mismas, pues se genera un clima de contención, resguardo y amparo que nos lleva a un espacio sagrado donde se produce la sanación. La integración y elaboración de esta experiencia simple, nos permite que tanto madre como niña interior se fusionen en perfecto equilibrio.

Te invito a hacer un pequeño ejercicio de sanación:

  • Revisa fotografías de pequeña y toma consciencia de los puntos en que tu niña se sintió herida o asustada.
  • Cierra los ojos y visita a esa niña siendo tú ahora adulta.
  • Explícale que todo estará bien.
  • Abrázala y visualizala tranquila y sonriente.

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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