Sanación femenina

Claves acerca de sanar la relación con la madre. Parte II

La herida con la madre

Hablar de la herida con la madre es tocar un tema universal que se manifiesta de diferentes maneras y en diferentes niveles según el tipo de experiencia que se haya tenido en la vinculación infantil madre-hija/o. Esta herida si bien se forma en las etapas iniciales de la infancia, se manifiesta con fuerza a lo largo de toda la vida adulta, abarcando el área de las relaciones, creaciones, financiamiento, hogar y por supuesto la capacidad de maternarnos a nosotras mismas con amor, límites sanos y dulzura. Mientras no seamos capaces de mirar con amor, compasión, resignificando esta experiencia que muchas veces resulta tramendamente violenta y dolorosa, siempre habrá algo que nos continuará tirando desde atrás, siguiendo atadas al pasado y con dificultad para ocupar nuestro lugar en el presente, mirando hacia la vida en uso claro de nuestra fuerza creativa.

Cuando cierro los ojos, para percibir esta herida a nivel de humanidad, primero que todo me llega la idea de que sólo existe una herida matriz, ésta es la herida de cada ser humano con su madre. De ella se desprenden todas las siguientes heridas que van apareciendo a nivel vincular, lo que visualizo como pequeñas heridas en torno a las que inicialmente se crea en la relación con nuestros progenitores.

Por una parte, esta herida original y primaria prepara el terreno para que cada uno de nosotros pueda ser un humano completo y pueda completar su aprendizaje humano en la existencia. Necesaria e ineludiblemente en cuanto vamos creciendo probaremos el miedo, el dolor, o la sensación de abandono o rechazo a medida que vamos transitando experiencias. Por lo que el intentar que un pequeño niño esté en una burbuja para que jamás conozca estas emociones, lleva a que esté menos preparado para la vida adulta. Si bien la herida con la madre es la herida inicial, ésta llaga conforma la gran escuela de la existencia, el lugar original donde podemos mirar en cualquier etapa cuando deseemos realizar un camino de sanación, pues reordenar esta herida matriz permite que todo proceso de sanación posterior sea fructífero.

Por otro lado, me llega la sensación de que la herida con la madre suele ser muy generalizada debido a dos puntos: el primero es que nuestra madre no es dios y no tiene por qué serlo, ella es una mujer como cualquier otra, imperfecta y humana (esto lo aprendí con Bert Hellinger, te invito a leer “Carta de Bert Hellinger a su madre“) y lo segundo es que cuando niños somos inmensamente frágiles y necesitamos un sostén y protección a gran escala ante lo cual la humanidad limitada de nuestros padres no alcanza muchas veces a satisfacer, esto puede ser debido a que su tiempo es escaso o están sumergidos en sus propias heridas emocionales, con ello los hijos no se sienten vistos y crecen sintiéndose solos.

Cuando estos dos puntos se desalinean existe lo que Hellinger llama “el movimiento interrumpido hacia la madre”. Aquí aparece en un niño o niña la desesperación por no recibir respuesta desde su madre, ante su necesidad de cercanía o cuidado. Este ver que la madre no viene o no se acerca, genera un sentimiento traumático en el hijo o hija, por lo que cuando esta madre regresa, el niño o niña pone una barrera, repitiendo dentro de sí mismo “ya no te necesito, ya es tarde”. De esta forma la persona puede llegar a transformarse en un adulto extremadamente independiente que nunca pide ayuda o lo hace muy poco, ya que el movilizarse para pedir algo trae a la luz la antigua creencia traumática de que el necesitar a otros es doloroso.

Finalmente, humanizar a nuestra madre, disminuye la carga emocional de esta herida, el comprender que ella es una humana como cualquier otra, permite concordar con las dificultades que pudimos haber pasado en nuestra relación infantil con ella. Cuando la humanizamos, y podemos verla con nuevos ojos, algo dentro nuestro crece y nuestra madre interna madura, al transformar aquel dolor tan antiguo en fuerza.

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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