La herida con la madre

Linaje Femenino en Linares

Hablar de la herida con la madre, es tocar un tema universal que se manifiesta de diferentes maneras y en diferentes niveles según el tipo de experiencia que se haya tenido en la vinculación infantil madre-hija. Esta herida, si bien se conforma mayormente en las etapas iniciales de la infancia, se manifiesta con fuerza a lo largo de toda la vida adulta, abarcando áreas como: las relaciones, creaciones, financiamiento, hogar y por supuesto la capacidad de maternarnos a nosotras mismas con amor, límites sanos y dulzura.

Mientras no seamos capaces de mirar con amor y compasión nuestra herida matriz, resignificando esta experiencia que muchas veces resulta tramendamente violenta y dolorosa, siempre habrá algo que nos continuará drenando vitalidad, siguiendo atadas a un pasado que nos dificulta ocupar nuestro lugar en el presente, mirando hacia la vida en el uso claro de nuestra fuerza creativa.


Cuando cierro los ojos, para percibir la herida materna a nivel de humanidad, primero que todo me llega la idea de que sólo existe una herida matriz. Ésta es la herida de cada ser humano con su madre. De ella se desprenden todas las siguientes heridas que van apareciendo a nivel vincular a lo largo de la vida: con la pareja, el trabajo y diversos contextos etc. Lo que visualizo como pequeñas heridas, en torno a la que inicialmente se crea en la relación con nuestros progenitores.

Por una parte, esta herida original y primaria prepara el terreno para que cada uno de nosotros pueda ser una persona completa y pueda llevar a cabo su aprendizaje humano en la existencia. La herida, nos moviliza a una búsqueda personal y al desarrollo de fortalezas y virtudes.

Necesaria e ineludiblemente en cuanto vamos creciendo probaremos el miedo, el dolor, o la sensación de abandono o rechazo a medida que se transiten diferentes experiencias. Por lo que, el intentar que un pequeño niño esté en una burbuja para que jamás conozca estas emociones, lleva a que esté menos preparado para la vida adulta.

Si bien la herida con la madre es la herida inicial, ésta llaga conforma la gran escuela de la existencia, el lugar original a través del cual podemos mirar en cualquier momento, cuando deseemos realizar un camino de sanación. Pues sanar esta herida matriz, permite que todo proceso de sanación posterior sea fructífero.

Por otro lado, me llega la sensación de que la herida con la madre se extiende a gran parte de la población debido a dos puntos:

(1) El primero es que nuestra madre no es dios y no tiene por qué serlo, ella es una mujer como cualquier otra, imperfecta y humana (esto lo aprendí con Bert Hellinger, te invito a leer «Carta de Bert Hellinger a su madre«). Esto creará necesidades no cubiertas en la hija o hijo, que dejarán una brecha de frustración con la figura materna.

(2) Lo segundo, es que cuando niños somos inmensamente frágiles y necesitamos sostén y protección a gran escala, ante lo cual la capacidad humana limitada de nuestros padres, no alcanza muchas veces a satisfacer. Esto puede ser debido a que su tiempo es escaso o están sumergidos en sus propias heridas emocionales, con ello, los hijos no se sienten vistos y crecen sintiéndose solos.


Cuando las necesidades de la hija o hijo no son cubiertas reiteradas veces, existe lo que Hellinger llama “el movimiento interrumpido hacia la madre”. Aquí aparece en un niño o niña, la desesperación por no recibir respuesta de su madre, ante su necesidad de ella.

Este ver que la madre no viene o no se acerca, genera un sentimiento traumático en el hijo o hija, por lo que cuando esta madre regresa, el niño o niña pone una barrera, repitiendo dentro de sí mismo “ya no te necesito, ya es tarde”.

De esta forma la persona puede llegar a transformarse en un adulto extremadamente independiente que nunca pide ayuda o lo hace muy poco, ya que el movilizarse para pedir algo trae a la luz la antigua herida traumática de que el necesitar a otros que no estará disponible es doloroso.

 


La clave es humanizar a nuestra madre, lo que disminuye la carga emocional de esta herida. El comprender que ella es una humana como cualquier otra, permite concordar con las dificultades que pudimos haber pasado en nuestra relación infantil con ella. Cuando la humanizamos, y podemos verla con nuevos ojos, algo dentro nuestro crece y nuestra madre interna se fortalece, al transformar aquel dolor tan antiguo en fuerza.

Por Ximena Nohemí

 

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3 comentarios en «La herida con la madre»

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