Sanación femeninaSanar con la madre

Claves acerca de sanar la relación con la madre. Parte I

La madre es la gran puerta de la vida, es el primer gran umbral que somos invitados a atravesar en nuestro camino de sanación en la vida adulta. Desde el sanar la relación con ella todo posterior proceso curativo o de desarrollo se torna fructífero. Además, reordenar esta vínculo primario, es el primer gran paso para luego reacomodar la relación con nuestro padre, e ir hacia él para tomarlo en el corazón, así como también posteriormente crear relaciones sanas con la pareja e hijos.

Sanar la relación con la madre es también un camino de retorno a la herida con el femenino, a esa memoria herida en el colectivo de mujeres. Dice al respecto Maureen Murdock en su libro Ser mujer un viaje heroico: “Las mujeres viven una búsqueda hoy día en nuestra cultura. Es la búsqueda del abrazo a su naturaleza femenina, de aprender a valorarse como mujeres y a curar la herida de lo femenino”.

 

La madre como el cimiento de la vida

Desde la madre, se conforma el modelo a través del cual nuestros procesos curativos y creativos posteriormente se gestan, por lo que desde esta base adquieren una tonalidad particular. Nuestra capacidad de regenerar-nos está netamente relacionada con el vínculo vivido y sentido con la madre. Específicamente, desde el como ella se cuidaba a sí misma, el cómo se trataba y sentía cuando estábamos dentro de su vientre, adquirimos una guía para cuidar de nosotros mismos, a lo cual llamamos “modelo de maternaje”.

Desde la madre real, por lo tanto, recibimos el legado de la madre interior (Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos). Esta madre interior se conforma mayormente de la experiencia infantil con la madre y no sólo con la figura de ésta, sino de todas aquellas personas que pueden haber ejercido un rol materno en aquella época, por lo que la historia de nuestra niña interna y las heridas que ésta pueda tener aquí juegan un rol crucial en aquello que sustenta a nuestra madre interior. Esta no sólo se construye del mundo interno de la propia madre, sino también de la cultura y sociedad que nos ha envuelto a ambas y que ha ido impregnando el hilo rojo en las generaciones de mujeres más antiguas.

Sin duda, esto nos lleva a reflexionar que el modelo de maternaje, es un patrón que se va traspasando generación tras generación, útero a útero, por lo que es muy clave que podamos considerar que la forma en que nuestra abuela fue tratada por la bisabuela, su madre, y la forma en que nuestra madre fue cuidada por nuestra abuela, conforma los hilos esenciales y fundamentales con que el modelo de maternaje ha sido transmitido hasta mí y que yo pongo en práctica hoy día.

De esta forma, podemos concebir que la madre interna se sustenta en un patrón que tiene raíces  inconscientes y profundas en nuestra vida, raíces antiguas y fuertes que nos llevan a estar en salud o enfermedad. Sin duda, transformar todo ello para que sea una fuente de fortaleza, requiere la vivencia de un proceso curativo-terapéutico que nos lleve a maternar la vida de una forma cada vez más sana y a vivir nuestras relaciones de una forma cada vez más transparente y liviana.

Respecto a lo anterior dice la dra. Christiane Northrup en el libro Madres e hijas: “Ya antes de nacer, la madre nos da la primera experiencia de cariño y sustento. Ella es nuestro primer y más potente modelo del papel femenino. De ella aprendemos qué es ser mujer, así como, el cuidado de nuestro cuerpo. Nuestras células se dividieron y desarrollaron al ritmo de los latidos de su corazón: nuestra piel, nuestro pelo, corazón, pulmones y huesos fueron alimentados por su sangre, sangre que estaba llena de sustancias neuroquímicas formadas como respuesta a sus pensamientos, creencias y emociones”.

Por lo tanto, desde el tipo vínculo que establecemos con la madre a partir de su vientre, adquirimos los cimientos principales sobre los cuales nos sostenemos para crear nuestra vida adulta, si bien cuando somos pequeñas es la madre quien nos cuida y nutre desde las herramientas con que ella cuenta (ella sólo puede cuidarnos hasta donde se ha cuidado a sí misma), una vez que somos adultas la dejamos libre y somos nosotras mismas quienes nos maternamos.

 

Maternarse

En mi libro Mujer Ave te hablo acerca de sanar la relación con madre y padre, para llegar a tomar nuestros linajes femenino y masculino como nuestras alas. La mujer Ave sólo puede volar – lo que es el símil de crear la propia vida y desarrollarse – una vez que ha internalizado y enraizado en sí misma la fuerza de sus antepasados. De esta forma si bien cuando somos pequeñas son los padres los que nos maternan y paternan, una vez que llegamos a la edad adulta nuestras alas han crecido lo suficiente como para llegar a maternarnos y paternarnos nosotras mismas.

Esto quiere decir contenernos y abrigarnos con el calor de nuestras alas (función materna) así como marcar límites sanos y volar fuera del nido para crear la propia vida (función paterna). Nuestras alas crecen con una armazón sana cuando hemos sido tratadas con amor y cuidado cuando somos pequeñas. Una mujer adulta con unas grandes alas, permite que padre y madre u otros cuidadores pueden quedar libres luego de su tarea ya realizada.

Específicamente y en palabras simples maternarse, es ser madre de sí misma y de la propia vida, ejerciendo las cualidades de nutrición, cuidado, contención, respeto y compasión hacia los espacios de la existencia. Es además la praxis que ejercemos día a día para conservar nuestra vida, se relaciona íntimamente con la forma en que nos hablamos, la voz interna que nos guía y que puede dirigirse a nosotras con amor o malos tratos, pues esa es la voz de la madre que hemos tomado dentro nuestro.

De esta manera, la madre interna puede continuar impulsándonos con amor o llamándonos la atención con dureza cada vez que hacemos algo que no nos parece. En este sentido, me gustaría preguntarte, ¿cómo te habla la madre que vive dentro de ti? ¿cuál es el tono emocional con que te hablas a ti misma cada día? 

Por otro lado, el grado de sabiduría y madurez de nuestra madre interna nos invita a respetar la madre interna de otros adultos con que nos relacionemos, manteniendo nuestro lugar con claridad en los vínculos adulto-adulto. Cuando nos salimos de nuestro lugar intentando comportarnos como una madre incondicional y amorosa de otros adultos, estamos infantilizándolo y a la vez privándolo de desarrollar una confianza en su propia capacidad de maternar su vida. Infantilizar es muchas veces algo tremendamente violento.

Cuando esto ocurre frente a la pareja, incluso con los padres o en el sin fin de relaciones sociales, sin duda es posible ver que todo ello emerge de una necesidad de entregar amor incondicional. Sin embargo, estas dinámicas en que despertamos dentro nuestro el rol de la madre demasiado buena, no llevan más que a quitar la fuerza a los otros, al sobreproteger sus espacios, llevándonos a ser mujeres que invaden. Esto es lo que Hellinger llamó hermosamente el amor ciego.

Por ello es que, si bien la capacidad de maternarnos y maternar a otros permite cuidar la vida, esta capacidad debe desplegarse desde límites sanos y sabios en que se respeten los espacios y se reconozca que en el otro también reside una fuerza capaz de cuidarse a sí mismo y sanar sus heridas.

Una madre demasiado buena puede llegar a ser una madre sobreprotectora y por lo tanto muy invasiva, con esto los hijos pueden crecer sintiéndose solos debido a que la madre está mirando hacia sus propias necesidades emocionales, las necesidades emocionales del niño no están siendo vistas. Es importantísimo que exista espacio para que el otro pueda reconocer su fuerza y su propia madre interna.

 

Continuará en un próximo artículo dónde profundizaré la herida con la madre y las claves para avanzar en ello.

Por Ximena Nohemí

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Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

12 comentarios en “Claves acerca de sanar la relación con la madre. Parte I

  1. Hola Ximena, muchas gracias por tu trabajo. Podrías recomendarme libros-lecturas? Al final de tu escrito aparece como un link a lecturas que no funciona… o no sé como va, gracias!

  2. Ex elente articulo, gracias por su ayuda a sanar, que bueno seria poder llegar a desbloquear mi vida, lograr mi mision devidami propisito de vida, nollegar a morir inconclusa, lograr mis sueños, ser feliz, ser libre al fin. Gracias Gracias Gracias.

  3. Maravilloso Ximena, estoy deseando profundizar más en este camino…ya he hecho algunas cosas para sanar la relación con mi mamá, pero yo siento que aún hay herida y aún hay camino por recorrer…soy madre de 3 hijas y quiero sanar y ayudarlas en su sanar, sanando yo y sanando linaje…❤
    Gracias gracias gracias

  4. Realmente toca la fibra cuando nos invita a ver mas alla de la primera linea, ver antes de mi madre y ver a las otras que finalmente estan en mi. En mi caso culpe mucho a mi madre por haberme dejado de pequeña, me dejo con mi abuela paterna, pero ahora confirmo que en realidad la figura de madre nunca me falto.

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