Sanar la niña interior y el niño interior

Sanar Memorias Uterinas

Sanar la niña o niño interior, es reparar un aspecto de nuestra vida interna, que reserva la experiencia más infantil de la propia historia, hasta casi los 7 primeros años de vida. Este arquetipo, lo percibo como la biografía de infancia encapsulada en nuestras profundidades. Viviendo en lo más íntimo de cada quien, contando con una gran fuerza para movilizar la vida en el presente e incluso llevarla a situaciones tormentosas o de dolor incontrolable, cuando existen heridas no tratadas. 

La niña interna contiene en sí, la forma en que aprendimos a ver y a responder al externo cuando éramos pequeñas. Así también, las primeras corazas protectoras que debimos construirnos para protegernos del mundo, cuando no teníamos herramientas emocionales suficientemente maduras para afrontarlo, y cuando no se tenía la adecuada protección y contención externa de los adultos a cargo.  

Siendo así, nuestra parte infantil aprendió a refugiarse del mundo en sus propias barreras invisibles. Creando una gruesa capa de protección, sostenida incluso hasta etapas avanzadas de la vida o durante “toda la vida”, caso en que una persona se transforma en un adulto desconectado del mundo emocional o de la capacidad de vincularse abierta y genuinamente.


“Cuando éramos niños, necesitábamos protegernos del dolor llenando el vacío con mecanismos de afrontamiento para sobrevivir. Ahora, como adultos, sentir el dolor plenamente es justo lo que se necesita para transformarlo. En otras palabras, como niños, el vacío de la herida con la madre, se sentía tal como estar muriendo, pero como adultos, estar presentes a través del dolor de la herida materna, sin evadirlo, es necesario para aprender a vivir verdaderamente”. Bethany Webster


Es por ello que, la niña interna tiene una herida matriz; la primera herida de no sentirse amada o digna de vivir en este mundo, la herida de sentirse separada y sola, sin nadie en quien confiar. Esto más tarde reaparece una y otra vez, como fantasma entre nuestros vínculos para recordarnos que hay algo importante de lo cuál no nos hemos hecho cargo. La mayoría de las veces una herida de la niña interna, reaparece en las relaciones de pareja y nos vemos reclamando al otro, cubrir necesidades que antaño no fueron satisfechas, principalmente de afecto, protección y atención, terminando por demandar más de lo que humanamente alguien nos puede dar. Así también, la herida reaparece cuando las personas miran a los ojos a sus propios hijos pequeños, viendo en ellos un estado anterior de sí mismos.

No obstante, cuando hablamos de heridas de la niña interna, debemos saber que hay diferentes dimensiones de la misma. Si bien hay situaciones de desamor que se van reacomodando, como parte natural del propio crecimiento y la evolución personal a partir de la experiencia, hay otras dimensiones de la herida que requieren un proceso curativo y un acompañamiento terapéutico de calidad que permita reconciliarme con esta parte de mi propia historia. Por ejemplo experiencias maltratadoras y abusivas.

Sin embargo, la niña interna no sólo implica dolor, también se relaciona con todas las potencialidades creativas del ser adulto, como un estado constante que invita a ver y descubrir el mundo con curiosidad y asombro.

Impulsándonos a permanecer entusiastas, sensibles y jamás perder la ternura auténtica del ser. Por lo que, es clave que esta parte de nosotras reciba alimento y se mantenga viva, de lo contrario nuestra manera de ver el mundo envejece demasiado pronto, haciéndonos adultos apáticos, controladores  y grises.

Tras la herida primigenia, por lo tanto, podemos encontrar un sin fin de cualidades que nos permite ver y percibir el mundo con una actitud constante de aprendizaje y descubrimiento, con una liviandad y humildad de que siempre se será aprendiz y alumna. Es un saber que, jamás terminamos de conocer lo nuevo, y todas las experiencias pueden ser una posibilidad de impregnarse de algo novedoso.


Finalmente, nuestras tareas cruciales con este arquetipo son: reparar las heridas abiertas del pasado, principalmente con padre y madre, reconociendo la propia herida matriz. Así también, debemos encargarnos de mantener viva la esencia y chispa creativa de la niña interna, descubriendo con nuevos ojos el mundo cada día.


Cuando la herida matriz de la niña interior implica experiencias traumáticas, inmensamente dolorosas, que corrompieron la integridad de ese infante, es importante que incluso siendo adultos, y aún habiendo pasado muchas décadas tras una infancia que dolió, se pueda tomar acción y acceder a un proceso terapéutico de calidad y significado con un profesional preparado. De lo contrario, el ser sigue interiormente quebrado, una parte puede seguir relacionándoselas semi normal con el mundo, sin embargo, la otra continúa encapsulando la herida, cuya fuerza moviliza las malas decisiones de la vida y las relaciones infinitamente tormentosas. 

Es por ello que, para llegar a ser todo lo que podamos ser, es clave reparar, resignificar, reconciliar, reacomodar y confiar nuevamente en la madre vida, sanar la herida con la madre y reconocer una nueva y adulta forma de verla a ella. Te invito a las clases que doy cada año para profundizar esta temática tan esencial.

Espero que encuentres un camino óptimo para mirar a los ojos de tu niña interna y reconozcas los pasos necesarios que dar de aquí en adelante en tu camino curativo.

Conoce más de la clase SANAR LA RELACIÓN CON LA MADRE


Te comparto una serie de tareas con tu niña interna:

  1. Busca y recorre con tu mirada fotografías del pasado. Observa tus expresiones, postura corporal y observa como te relacionabas con los adultos que estaban contigo. Principalmente siente a esa niña del pasado, a través de las fotos. Si no tienes fotos, cierra los ojos y visualiza a esa niña interna en frente de ti.
  2. Escríbele una carta a tu niña interna, puede ser una carta escrita desde tu “yo adulto”, a tu “yo infantil”.
  3. Cada día dedica mínimo 20 minutos a dar vida a tu niña interna: pon música, canta, baila, juega si tienes niños que viven contigo, pinta, moldea, crea, dale alimento a tu ser creativo. No dejes que muera.
  4. Recuerda un sueño infantil y realizalo. 
  5. Sorprendete a ti misma, descubre el nuevo camino para llegar al mismo lugar o una nueva forma de hacer las mismas cosas. Mantente muy despierta ante el detrimento que deja la rutina.
  6. IMPORTANTE: En caso de heridas profundas del pasado, busca ayuda terapéutica profesional. Si no es ahora no será nunca.

La Niña interna

Espera en algún lugar del corazón 

Allí sentada donde la dejaste ayer

Esperando a que un día puedas recordarla, 

mirarla, abrazarla muy cerca de ti misma. 

Ella trae resabios del pasado

Sabor a la historia de la infancia

Aroma a recuerdos de crianza

Y ella nada olvida

Ella desea ser atesorada 

Como una imagen antigua guardada sin notarlo. 

A veces sale a la luz y quiere realizar los juegos que no alcanzó a terminar

A veces sale a la luz y trae una carga de tristeza inmensa

Y hasta toma el timón de la vida

Y apenas nos distraemos nos dirige sin darnos cuenta

La adulta cede el espacio a la voz de la niña

Y entonces ella reclama lo que antes no supo como expresar

Necesitamos estar despiertas ante la aparición de sus heridas

Que pueden terminar por carcomer y boicotear el camino de la adulta

Por eso precisamos mirarla una vez más, 

hasta comprender lo que del pasado quedó inconcluso para ella

¿Cuál necesidad de la niña interna no fue consumada? 

Allí está la respuesta que tanto buscabas.

Te puede interesar leer: El encuentro entre la madre interna y la niña interior

 

Con amor infinito

Ximena

4 comentarios en «Sanar la niña interior y el niño interior»

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