Arquetipos femeninos que surgen desde la herida

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Recuerdo cuando descubrí a la niña buena que vivía en mí. La vi con suma claridad, cuando habité con lucidez su necesidad de ser aprobada, así como de cumplir las reglas y normas impuestas. 

Ella estaba tan asentada en mi ser, que como adulta me reconocía a través de ella. Muchas veces me movilicé desde su sentir y tomé decisiones desde su consciencia de niña herida. 

La niña buena, era aquella parte de mí, que buscaba la aprobación y el amor de los otros, amoldándose lo mayormente posible a los demás con tal de sentirse aceptada e integrada. 

¿Y cómo ocurría esto?

Cuando mi ser real necesitaba refugiarse del contexto externo para encajar, entonces aparecía el falso yo y alguno de mis arquetipos tomaba el mando de mi mujer adulta, pasando a ser mi modus operandi

Y es que, cada vez que necesitamos desenvolvernos en situaciones en que nos sentimos vulnerables o no tenemos suficientes herramientas, entonces accedemos a nuestras subpersonalidades, las que actúan como máscaras. 

Aquí es donde podemos encontrar una serie de fuerzas que nos habitan y conforman. Por ejemplo: la niña buena, la mujer complaciente, la supermujer, entre tantas más. Cada una de ellas es una estrategia desarrollada, una forma de esconderse detrás de algo que bloquea la salida de la mujer real. 

Algunos de estos personajes, los hemos adquirido desde, la herida, la cultura imperante, y también a partir de experiencias difíciles que a lo largo del tiempo hemos transitado, ante las cuales, sin darnos cuenta, creamos estrategias para sobrevivir.

Algo muy importante de destacar es que cuando los arquetipos activos trabajan en una relación colaborativa, pasan a formar parte integral del ser. Sin embargo, cuando uno de ellos toma protagonismo de la personalidad de manera imperante y aislada, entonces nos debilitamos. Ya que nos estamos privando, de estos dos siguientes puntos que nos fortalecen:

 

  1. Primero que todo nos privamos de darle lugar a cada una de nuestras partes y personalidades, integrando aquellos aspectos que están en sombra. Y en lugar de aceptarlos para desplegarlos al mundo, los escondemos, colocándonos una máscara. Por ejemplo, ¿te has puesto a pensar, que detrás de la niña buena se esconde una niña inmensamente destructiva y enfurecida con el mundo, que siente ira por la forma en que la han tratado?

 

  1. Y segundo, la colaboración entre nuestros arquetipos es parte integral de la madurez emocional, lo que nos otorga amplitud en el ser. Por lo que, crecer implica reconocer esas partes que nos incomodan y darles lugar, desarrollando un amor genuino y completo hacia sí misma. 

 

Lo clave.

Para crecer y sanar, no necesitamos negar una parte de nosotras, menos aún, aquellas partes heridas que se precisan integrar. En nuestro camino curativo, requerimos reconocer los arquetipos que nos movilizan, manteniéndonos lúcidas en el momento en que salen a la superficie y toman el control del comportamiento. 

Así es como se hace consciente la necesidad que el alma está intentando paliar con la salida de cada subpersonalidad a la luz. Aunque en la inmediatez, podemos sentir que estos arquetipos nos beneficien, esta forma de funcionamiento puede esconder tras de sí la luz, entereza y potencia de la mujer sabia que llevamos.

 

Te presento los arquetipos que más frecuentemente adoptamos para esconder nuestro ser real. 

 

La niña buena: Ella es quien aprendió que para ser amada, necesita cumplir con las expectativas y estándares impuestos por mamá y papá. Acata las normas y reglas ante todo. Incluso aprende a pasar tremendamente desapercibida con tal de no generar conflicto ni malestar en quienes la rodean. Se amolda y adapta a los demás priorizando las necesidades de los otros. Si es tu caso, quizá aprendiste que siendo buena y correcta serás amada y aceptada, y creaste un falso yo que busca todo el tiempo ser la buena hija ante los ojos de mamá y papá, por lo que tienes mucho miedo de sacar a la luz tu verdadero yo, aquel que es desatinado, alocado, intrépido, desorganizado etc. El desafío es integrar las diferentes dimensiones de tu niña interior, dando lugar a esa niña enojada, dolida, creativa y alegre, que necesita salir a la luz para ser vista. 

 

La madre salvadora: Este arquetipo guarda una imperante necesidad de salvar y maternar a los demás de una manera que muchas veces no respeta los límites de otros. Cuando aparece la madre, que incluso se desvive y olvida de sí misma, con tal de socorrer las necesidades de terceros, implica alguien que se está dejando en último lugar, invisibilizando sus propias necesidades. Así también, quien habita este arquetipo, muchas veces solo está viendo la propia necesidad de ser madre, sin considerar las capacidades y elecciones que conscientemente pueden hacer los demás. El desafío es practicar el arte de maternarse a sí misma, soltando la necesidad de infantilizar y cuidar de los otros, con tal de satisfacer un vacío personal. Respetando de esta manera, las elecciones, formas, tiempos y cualidades de las otras personas.

 

La santa y pura: Ella es el mismo cielo. Siempre correcta, buena y esmerada en hacer lo mejor posible con sus acciones. Es la evolución desde la niña buena que se transforma en una mujer adulta que sigue la misma línea. A pesar de que este arquetipo se basa en la expresión de la bondad excesiva, ingenuidad e inocencia, conlleva a cada mujer a alejarse de su lado salvaje y sabio, puesto que la desconecta de su propia brújula interna y de su propia intuición, al llevar la mirada hacia la aprobación externa, con la preocupación constante del qué dirán. Ella es una mujer santa e intachable, que en lo profundo tiene miedo a ser desaprobada, rechazada, excluida y no amada. Desde su miedo no tiene la capacidad de marcar límites saludables que le ayuden a plantearse ante los demás. Por lo que su desafío principal consiste en sacar a la luz sus opiniones, las emociones reprimidas de ira, dolor, frustración y expresarlas, para marcar los límites que necesita y dar a conocer al mundo su desaprobación y molestia. La santa es una mujer enjaulada, en los propios límites de su mente, por lo que ir más allá de su necesidad de ser siempre buena, la llevará a la expansión y crecimiento. 

 

La controladora: Le gusta tener todo bajo control, incluso aquello que no está a su alcance. Prefiere decidir antes que otros decidan por ella, prefiere dirigir y no dejarse guiar, ni doblegar por la opinión de otros. La sola posibilidad de no saber qué ocurrirá y no poder conducir el flujo de las situaciones, le genera inmenso malestar y ansiedad. Permanece cerrada a la vivencia de experiencias nuevas y a tomar opciones y rumbos que no se adaptan a lo que ya conoce. Presentando una rigidez imperante que la protege de algo que pueda llevarla al límite de sus capacidades emocionales y por ende causarle sufrimiento. Su directivismo ante los demás, protege su verdadera vulnerabilidad y fragilidad, habitada por las heridas del pasado. El desafío es aprender a soltar y confiar en que todo se mueve en un ritmo y tiempo que verdaderamente no podemos controlar. Trabajar en soltar el cuerpo, para que la rigidez comience a desarticularse desde lo más concreto hacia lo más conceptual como es el mundo de los pensamientos.

 

¿Con cuál de estos personajes/ arquetipos te identificas?, y ¿Qué otros arquetipos sientes que han nacido desde tu herida y que has utilizado para refugiar tu ser real?

 

Te leo.

Con inmenso amor, Ximena.

 

6 comentarios en «Arquetipos femeninos que surgen desde la herida»

  1. Hola Ximena. El artículo es muy claro, completo y conciso. Muchas gracias por describir con tal nitidez a varios de los personajes con los que convivo. Ponerles nombre y apellidos me ayuda a desidentificarme un poco más de ellos. Te abrazo

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