Cómo parirse a sí misma y cuidar de la mujer que ha nacido

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Parirse a sí misma, es un proceso que como mujeres atravesamos numerosas veces a lo largo de la vida.

De cuando en cuando, los ritmos profundos del alma nos conllevan a una crisis, a través de la cuál terminamos por conocernos más, aceptarnos más y amarnos mejor.  Aprendiendo en este proceso, a separar aquello que necesito cultivar en mi vida, de aquello que preciso dejar ir.

Encontrar el equilibrio entre lo que cultivo y desmalezo, requiere el desarrollo de una sabiduría, que de forma natural me va mostrando los límites saludables a marcar a lo largo de mi vida. Este nuevo conocimiento, me ayuda a responderme constantemente a la pregunta ¿dónde deseo y preciso colocar mi energía vital en este momento?

Pues la buena administración de esta, nos permite mantener el equilibrio de nuestra vida. Sin embargo, no es simple, pues es algo que requiere práctica, desapego, compromiso y madurez emocional.

 

Parirse a sí misma en cada etapa vital

Parirse es así también, descubrir las nuevas versiones de sí misma, que etapa a etapa se van gestando y saliendo a la luz. Cada versión trae una nueva consciencia, cada versión resulta más lúcida que la anterior. Por lo que ser conscientes de este proceso, nos hace comprender que nos encontramos en un estado de evolución constante que desde el inicio al final de la vida de cualquier mujer jamás se detiene.

En cada etapa vital, una nueva forma de ser y estar auténticamente en el mundo requiere salir a la luz. Pues cada una de estas tiene sus propios desafíos y necesidades.

Una vez que atravieso el portal de darme a luz, dejando caer las pieles antiguas para permitir que en el tiempo suficiente puedan crecer otras nuevas. Voy percibiendo que estoy transitando diferentes maneras de interpretar y comprender los asuntos de la vida.

Cuando me descubro atravesando las mismas situaciones del pasado, pero ahora, con la capacidad de practicar una visión más amplia de estas, estoy habitando la nueva mujer y la nueva consciencia que esta trae para mí. Es aquí cuando me percibo a mí misma más sabia o madura que hasta hace algunos años.

Sin embargo, si bien muchas situaciones, procesos y vínculos pueden impulsarnos a darnos a luz a nosotras mismas. La tarea esencial y quizá la más difícil, es que cada una de nosotras, pueda nutrir y sostener en el tiempo, a este nuevo yo al que se ha dado a luz. Esto requiere un compromiso constante sustentado en la madurez emocional, que nos impida considerar la posibilidad de renunciar a nuestros anhelos, abandonarnos a nosotras mismas o hasta traicionarnos con tal de complacer a otros.

 

Alimentar a la mujer a la que he dado a luz

Alimentar a la nueva mujer que ha nacido, requiere la atención plena en mi propia capacidad de maternaje. Autoobservando, como me estoy acompañando, sosteniendo, nutriendo e impulsando a sentirme mejor en mi propio ser cada día. Es un ensayo y error de aprender a cuidar de mí y con ello la mejor forma de amarme.

Todo este proceso, sostenido en el tiempo con consciencia y lucidez, me permite asentar una nueva fuerza y con ello un nuevo modo de resolver las dificultades o los asuntos que me desafían.

La mujer a la que he dado a luz, precisa de mí plenamente, pues ella es la integración de todo lo que he sido y atravesado hasta ahora. Si me despreocupo de cuidar aquello que desde mí ha florecido, es posible que rápidamente retorne a la repetición de patrones y modos de funcionar anteriores. Pues necesito cuidar lo que florece desde mí, para que esto pueda echar raíces profundas y quedarse conmigo.

Aquí requiero hacer un trabajo exhaustivo de asentar y enraizar aquellas nuevas cosmovisiones para esta nueva etapa. El proceso terapéutico, es un gran aliado de nuestros tiempos, de gestarnos, acompañarnos, impulsarnos y darnos a luz. Haciéndonos ver por sobre todo como enraizar las nuevas consciencias, a través de hábitos diarios y rituales que nos muestran nuevas maneras de cuidarnos.

Una terapia me permite destejer capa a capa, cada una de las membranas que conforman mi camino curativo. Llegando a conocerme en niveles profundos, lo que me permitirá tomar las mejores decisiones para transitar los desafíos del parirse de una manera auténtica y real.

El proceso de darse a luz, es el tránsito mismo del camino curativo. Todo lo que voy asimilando, reelaborando y reorganizando en mi psique femenina, me permiten tomar fuerza para que cuando sea el momento preciso, mi ser pueda asumirse a sí mismo en una nueva y sana versión.

Sin duda, el parirse no siempre es un proceso simple, requiere dejar atrás un sinfín de situaciones, espacios y vínculos que ya no nos hacen sentido. Lo que implicará la vivencia de un duelo, que nos permita elaborar la pérdida profunda y el dolor de todo lo que ha quedado atrás y ya no resuena con nuestro ser.

Por ello es que darse a luz a sí misma, requiere coraje y fiereza de saber que todo aquello a lo que se está renunciando, es algo que se debe hacer en pro de alcanzar y cultivar aquello que se anhela y merece para el presente.

Darse a luz a sí misma, es por lo tanto, permitir que lo que ya cumplió su tiempo muera y conforme parte de lo que fui, pero ya no soy.

De esta forma, soltando lo que ya no tiene vida, la energía vital queda disponible para cuidar de sí misma con todo el amor y dedicación que se necesita y merece.

Esto es la apuesta constante de mirar hacia el porvenir, abrazando el pasado ya cumplido, que nos da la fuerza para ser reales en el presente.

Con amor inmenso

Ximena

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