El camino iniciático de la mujer: el despertar de la sacerdotisa

la sacerdotisa cántaro sagrado

Ser iniciadas en nuestro verdadero poder femenino, requiere sumergirnos en el descubrimiento amplio, de todo aquello que no es real en nosotras.


 

En el camino de emerger y avanzar hacia un siguiente nivel de consciencia, somos movilizadas a revisar uno a uno los velos difusos que nos confunden y nublan, quitándonos además la lucidez de lo que esplendorosamente somos.

Aquí se encuentran todas aquellas máscaras y personajes, que de pequeña te creaste para ser aprobada o aceptada en un contexto que no era capaz de hacerte sentir validada sólo por ser y estar.  Aprendiste que para recibir amor tenías que entrar en el molde familiar a como de lugar, percibiendo las actitudes que eran dignas ante los ojos de madre, padre o cuidadores. Cualquier aspecto tuyo que recibiera castigo, rechazo o desaprobación inmediata, lo atenuabas con tal de recibir ese cariño que te permitiría sentirte parte de la vida

¿Te suena familiar esta historia?

Por lo tanto, progresivamente se va creando la máscara de un falso yo, la que se conforma como una respuesta de reacción ante la herida materna, conduciéndonos a un intento inconsciente de cambiar lo que en esencia somos, para sentirnos aceptadas por el mundo exterior.

La niña pequeña piensa: con tal de que mi madre me ame renuncio a mis instintos. Y de esta forma, ella va creciendo separada de los propios impulsos y reacciones naturales que resultan desaprobadas o inapropiadas.

Una vez adultas, este otro “yo falso” (que finalmente ha sido creado desde una herida) puede haberse hecho tan sólido y habernos permitido lograr tantas cosas, que la distancia con el “yo esencial” ya es un abismo inmenso y profundo que atravesar. Llevándonos incluso a rechazarnos a nosotras mismas.

Aquí es donde entra en juego nuestra voluntad y fuerza en el momento de volver a lo esencial, auténtico y genuino. El camino en reversa, no será simple, pero es un viaje que necesita ser realizado para evolucionar. Puesto que este retorno implicará sumergirse en las heridas iniciales que nos condujeron a «crear eso que no somos».

Aquí me gustaría preguntarte: de pequeña ¿Cómo aprendiste que tenías que comportarte para ganarte la aprobación de tu entorno?

Intenta cerrar los ojos y conectar con tu niña interior, hasta encontrar una respuesta lúcida.

 


Dar a luz a la sacerdotisa interior que todas llevamos

 

El arquetipo de la sacerdotisa, el cual resulta un simbolismo femenino clave en nuestro camino curativo. Nos muestra las medicinas y poderes que paulatinamente van despertando, a medida que reparamos todo lo que duele en nosotras. Este arquetipo se encarna por sobre todo, al adentrarnos en el viaje heroico y desafiante de ser una mujer libre y despierta.


La sacerdotisa nos muestra que desde todo lo herido, podemos (y tenemos que) desencadenar una alquimia vital que nos conduzca a asentarnos en un nuevo nivel de consciencia.

Esta nueva consciencia, conformará los cimientos clave donde cultivaremos nuestra soberanía máxima.

Los suelos de la propia herida, sostendrán la profundidad de nuestras raíces, para que tome fuerza el propio florecimiento. Por lo tanto, la sacerdotisa es la mujer que desde los submundos ha florecido.

Por ello cada mujer, que entra en la noche más oscura de su alma, vivencia el vaciamiento honesto de esas versiones que ya no resultan auténticas para ella. Aquí ella mira su propia niña interna herida (herida matriz), la madre original que la cuidó, así como también, la madre interior que se ha construido de la interacción entre estos dos arquetipos anteriores.

Sin embargo, este proceso requiere una renuncia genuina que invite a mirar con perspectiva y lucidez la historia vivida, otorgándonos el tiempo para atravesar acompañadas y guiadas todo lo que necesite ser reparado y transformado en sabiduría para el presente y el porvenir.

Como dice Clarissa: “La iniciación de la mujer, comienza cuando ésta aprende a dejar morir lo que tiene que morir”.

Por lo que el arquetipo de la sacerdotisa lo encarnamos en mayor medida, cuando hacemos las pases con el pasado vivido, y dejamos morir las versiones desalineadas de nosotras mismas que ya no tienen vida. Estas cumplieron su rol y para crecer, tarde o temprano tendremos que despedirlas.

Lo clave es que, cuando despedimos lo que no somos, podemos dar la bienvenida a la versión verdadera y sabia. Aquella que ha esperado toda la vida, a tener un lugar donde echar raíces y florecer.

Créeme: Para ser una adulta plena y soberana de tu ser, no necesitas la aprobación externa. Sólo aquella que viene desde ti misma, porque ésta te alinea con tu verdad, te dice donde, con quienes y cuando estás en sintonía con la vida, y así mismo te avisa cuando tus límites no se están respetando.

Por ello, es que finalmente la propuesta de sanar la relación con la madre se ha convertido en un eje tan importante en la Escuela Cántaro Sagrado.

Reparar lo herido es un primer paso esencial, pero también, el camino curativo se trata de aproximarnos hacia un momento crucial de la vida interna femenina, donde ser iniciadas en nuestro verdadero poder, donde despertar a la sacerdotisa y mujer medicina, que pacientemente nos espera.

Ten confianza plena, que una vez iniciado el camino de sanar, crecer y transformarte, todo lo demás se irá dando de manera clara y natural para ti.

Recuerda mantener tu corazón abierto y receptivo siempre.

Con amor inmenso, Ximena.

 

“Tu tribu te está esperando, da un paso adelante para que pueda verte” Rebecca Campbell

Un comentario en «El camino iniciático de la mujer: el despertar de la sacerdotisa»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *