Maternar mi versión herida, para habitar mi mujer auténtica

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Para cuidar sabiamente de mis heridas, primero necesito conocerlas.

Iniciar un camino de autoconocimiento es, por lo tanto, un paso inicial fundamental para la cura. Según esto, podemos plantear el autoconocimiento como la antesala para el autocuidado, y la consiguiente autorealización.

Sin reconocer nuestra propia historia, sin saber desde donde se sostienen las raíces de nuestro dolor personal, sufrimiento o dificultades, no podemos tomar realmente las decisiones que resultarán claves para el tránsito de nuestro camino curativo.

Por lo tanto, todo inicia con vencer las resistencias personales para ir hacia lo doloroso y profundo de nuestro ser, movilizándonos hacia aquellos espacios curativos que nos otorgarán la oportunidad de mirarnos a nosotras mismas con nuevos ojos.

Esto se realiza en el camino que se va desplegando a través del proceso terapéutico individual o grupal, según el llamado que nos haga la propia alma.

Cuando comenzamos este tránsito interior y sagrado, progresivamente nos damos cuenta que nos habitan diferentes versiones de nosotras mismas. En la medida que reconocemos a cada una de ellas, vamos comprendiendo en qué circunstancias aparecen, sin que podamos decidir conscientemente su salida hacia la luz.

Por una parte, están las versiones que nos hemos creado desde la herida. Esas facetas que han nacido desde la necesidad de resistir, protegerse y sobrevivir.

Estas versiones están íntimamente ligadas al dolor de nuestra niña interna herida. Por lo tanto, se basan en la inmadurez emocional, la carencia y la dependencia, sacando a la luz aquello que más nos dificulta nuestro desarrollo y crecimiento.

Cuando nos vemos en contextos actuales, en que nos estamos sintiendo amenazadas, inseguras o inestables, toman el control estas versiones que se crearon desde circunstancias donde la niña interna sintió ser desvalorizada o interpretó estar en peligro.

Lo que ocurre aquí es que un detonante externo, que se puede definir como un estímulo que nos impacta, desencadena una reacción emocional intensa que la mayoría de las veces está fuera de lugar, conduciéndonos a sobre reaccionar ante situaciones que resultan ser mucho más simples de lo que nuestra interpretación personal nos está mostrando.

¿Por qué ocurre esto? Porque los detonantes son los responsables de activar nuestras heridas para que nos hagamos conscientes de ellas. Su tarea es, por lo tanto, conducirnos a poner luz en las sombras, lo que va aconteciendo de una manera paulatina a medida que iniciamos el viaje hacia el interior.

Un detonante puede ser una situación que me hace sentir excluida, violentada, engañada, no valorada o hasta maltratada. Y es aquí donde comenzamos a reconocer que portamos las heridas del rechazo, el abandono, la insuficiencia, el abuso de los límites personales etc. Cuya huella proviene desde nuestros vínculos iniciales con padre, madre o cuidadores.

Cuando identifico las heridas que traigo desde mi historia, son estas mismas las que me mostrarán lo que necesitan de mí como mujer adulta, para ser transformadas en fuerza.

Por lo tanto, el trabajo de autoconocimiento se torna fundamental, puesto que los relatos y diálogos internos que nos hemos creado a partir de cada una de nuestras heridas antiguas, reaparecen obnubilando a la mujer adulta, confundiendo su ser y su verdad. Al identificarlos en el momento en que afloran a la consciencia, estoy más despierta para reconocer mi sentir y elegir mi forma de relacionarme con el mundo.

El camino curativo nos permite hacer la distinción crucial y sagrada, entre los relatos que nos contamos a nosotras mismas cuando éramos pequeñas y aquellos diálogos internos que necesitamos fortalecer hoy para sacar a la luz nuestras versiones más sanas, luminosas y sabias.

El procesamiento terapéutico de la herida es lo que nos permite purificar las voces internas que nos entregan mensajes desalineados, hasta identificar desde donde viene cada una de ellas, ya sea desde el dolor o desde la evolución personal.

 

“La madurez implica despojarnos del falso yo y descubrir el auténtico yo: separar nuestras verdaderas necesidades y deseos, de los que tuvimos que adoptar para sobrevivir” Bethany Webster

 

Avanzar desde el camino del autoconocimiento, hacia la distinción entre el yo falso y el yo real abarca una gran distancia interior. Esta se compone de tiempo, dedicación, disciplina, paciencia y práctica.

Transitando también días en que de seguro el avance hacia el yo auténtico resultará abrumador y confuso. El mundo y la familia en la que crecimos, no siempre estarán preparados para aceptar a nuestro yo real, por lo que este camino requiere arriesgarse a aceptar el precio de ser auténtica. El cual puede implicar llegar a sentirte excluida, sola, diferente, culpable o hasta una mala persona. Lo que únicamente perdurará hasta que avancemos lo suficiente en nuestro tránsito de desarrollo personal y asumamos la importancia esencial de sacar a la luz nuestra valía.

Aquí aparecerá como una tarea esencial, el soltar vínculos en que no nos sentimos cuidadas o respetadas, dejar atrás espacios que no avalan nuestra evolución y poder, y por supuesto, marcar todos los límites saludables que sintamos importantes para el despliegue más genuino de nuestro ser real.

Tenemos la tarea irrenunciable de generar el espacio interno y externo necesario para el máximo despliegue de nuestro ser real.

 

“Gran parte de nuestra habilidad para triunfar y crear el mundo que deseamos, depende directamente de nuestra capacidad para soportar el malestar de no ser comprendidas o de no agradar a los demás, a medida que vamos evolucionando y creciendo en nuestro camino. Los límites son una expresión de autodeterminación sin remordimientos”. Bethany Webster

 

Caminar hacia el ser real y auténtico, requiere asumir que ya nada será como fue hasta ahora. Sin embargo, esta será una de las decisiones más relevantes de nuestra vida. Ya que implicará permitir que cada una de nuestras decisiones diarias se alineen con el ser real, ante lo cual cada vez será más difícil ignorar la voz de la mujer auténtica que día a día se gesta dentro de nosotras.

 

“El precio de volverse real nunca es tan alto como el de seguir con el falso yo” Bethany Webster

 

El aprendizaje generado al habitar nuestras versiones heridas, se profundiza cuando podemos aceptarlas. La aceptación, sentimiento que resulta ser una joya en el camino de sanación, nos empuja gradualmente hacia lo que es real en cada una de nosotras. Y aquí hay una paradoja considerable acerca del camino de sanación, para distinguir mi yo actual de mis versiones heridas, primero necesito aceptarlas.

Por lo tanto, la aceptación, la compasión y la gratitud, cualidades sublimes de la madre interior, nos enseñan poco a poco a maternar todo aquello que está herido desde mi historia.

Desde esta experiencia que practico día a día a través de la forma en que voy tomando decisiones y así también, cuidando de mí misma, consolido mi versión más real y luminosa.

A partir de esta florecen los dones más poderosos que he traído para compartir con el mundo.

Con amor inmenso

Ximena

 

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