La importancia de reconocer si cargo una herida traumática

Cántaro Sagrado

“La herida es el lugar por donde la luz entra” Rumi


Siempre que trabajo en los encuentros terapéuticos con mujeres, por sobre todo en una temática tan esencial como lo es, sanar la relación con la madre, lo primero que les invito a hacer es, una clara autoexploración de la propia herida, para conocerla tan profundamente como podamos.

Entonces aquí sería importante preguntarnos por ejemplo ¿De qué estamos hablando cuando sentimos tener una herida con la madre?

En la búsqueda de una respuesta, es esencial reconocer si en mi historia, presento una herida traumática, ya que ésta deja secuelas profundas para toda la vida, con las cuáles se debe aprender a lidiar sanamente, hasta llegar a transformarla a largo plazo por medio del proceso terapéutico.

Una herida traumática proveniente de la infancia, puede generarse por una situación de impacto, intensa y amenazante, como accidentes, desastres naturales, el abuso, el maltrato, la negligencia, y todas aquellas situaciones en que vi mi integridad y mi vida en peligro.

Así también, puede iniciar ante situaciones simples para un adulto, pero no así para un niño, ya que cuando pequeñas no teníamos las herramientas cognitivas y emocionales para enfrentar las situaciones complejas, y en caso de experimentarlas, nos vimos en la necesidad de construir corazas y barreras sólidas para protegernos incluso hasta la vida adulta.

Por ello es que la herida traumática, no se relaciona con la situación en sí, sino de cómo la interpretamos desde nuestra consciencia infantil, nuestro nivel de sensibilidad y de acuerdo al sostén que nos brindan los adultos que nos cuidan.

Algo diferenciador a considerar es que, este tipo de heridas provocan una ruptura profunda en nuestra psique. Mientras en una parte de ésta, continúa viviendo el trauma, en la otra continúa el proceso de vida y “funcionamiento normal”. Aún así, la herida traumática se asocia a un deterioro del funcionamiento cotidiano de no ser tratada y procesada, limitándonos en muchas áreas vitales.

Esta ruptura que genera la herida traumática, se provoca ya que existe un sistema que intenta mantener sus recuerdos separados de nuestro sentir cotidiano, en un lugar profundo donde no podamos acceder a ello fácilmente. Y es así, como en paralelo a ello aparecen síntomas repetitivos, para representar aquello que la persona en su consciencia no pudo elaborar, procesar o simbolizar.

Aquí el rol del proceso terapéutico, es ayudar a procesar profundamente la situación traumática, hasta que se le de un significado profundo, en conjunto con un simbolismo interior. Y de esta forma, en el tiempo suficiente surgirá la sabiduría disponible desde ello.

Este procesamiento y comprensión, es lo que disminuye el síntoma repetitivo, así como la culpa que muchas veces se experimenta y que proviene de la idea de ser responsable de que la situación que generó el trauma.

Para entrar en el proceso de sanar un trauma es clave la mirada amplia y transversal de la propia historia, que permita situar la herida traumática en un continuum de tiempo hasta darle un lugar en el ser.

Por otro lado, el trauma contiene una gran cantidad de ira y energía acumulada que necesita ser liberada y purgada. Esto implica darnos el espacio personal y terapéutico para atravesar todos los sentimientos de ira que no pudieron ser procesados en la infancia y que necesitan purificarse para alcanzar nuevos sentimientos curativos como la aceptación y reconciliación.


Respecto a los sentimientos de ira asociados al trauma nos plantea Clarissa Pinkola Estés:

Tenemos que usar la cólera como fuerza creativa. Tenemos que utilizarla para cambiar, desarrollar y proteger.

La furia residual de las antiguas heridas puede compararse con el trauma de una herida de metralla. Es posible extraer casi todos los fragmentos de metal de proyectil, pero siempre quedan los que son diminutos. Cabría pensar que, si se han eliminado casi todos, el problema estaría resuelto. Pero no es así. En ciertas ocasiones, esos minúsculos fragmentos se retuercen y dan vueltas en el interior, provocando una vez más un dolor idéntico al de la herida inicial (y entonces se produce un estallido de cólera).

Sin embargo, la causa de este resurgimiento no es la inmensa cólera inicial sino las minúsculas partículas que quedan de ella, los elementos irritantes que todavía permanecen en la psique y que jamás se pueden extirpar en su totalidad. Estos producen un dolor casi tan agudo como el de la lesión inicial.

Hay veces en que resulta absolutamente necesario dar rienda suelta a una cólera capaz de sacudir el cielo […] Existe sin duda un momento apropiado para desencadenar toda la cólera que la mujer lleva dentro.


Nuestras heridas, por sobre todo, las que son tan profundas al provenir del trauma, contienen una gran cantidad de energía atrapada en sí. Nuestra psique invierte muchos recursos en hacer barreras sólidas que nos protejan de los recuerdos traumáticos, sin embargo cuanto estos son tratados terapéuticamente emerge una gran cantidad de energía curativa y alquímica que es posible de utilizar en nuestros procesos creativos, entregando los aprendizajes de la herida en servicio a la vida.

Por otro lado, si bien la herida traumática nos lleva a la repetición compulsiva de nuestros patrones emocionales, su sanación nos acerca a la madurez emocional, y a una sabiduría que no podríamos haber alcanzado sin ella. La herida nos enseña como transitar la maestría de la alquimia de la vida, la transformación del dolor en alas, y esto sólo lo aprendemos desde dentro, desde la transformación de nuestra experiencia vital y nuestra historia personal.


La única manera de resolver es ir al centro de nuestro dolor, donde se descongela la energía que ha permanecido congelada, a través de nuestra atención sostenida, consciente y amorosa y con la presencia de un otro cariñoso. Cuando se libera la energía congelada del trauma, esta energía se restaura automáticamente a su verdadera función e inteligencia, el espíritu mismo. Bethany Webster

Sin duda, los recuerdos de una herida traumática es un lugar al que nadie quiere entrar. Puedo asegurarte que regresar allí no será fácil, pero una vez atravesado todo lo difícil que necesita ser mirado, los obsequios vitales que encontrarás serán de un valor incalculable. Por el contrario no mirar estas heridas nos estanca y condiciona a vivir de una manera en que jamás podremos florecer todo lo que estamos destinadas a hacerlo.

Dejados sin abordar, nuestras heridas y los patrones que las componen, oscurecen la conciencia y expresión de nuestro verdadero y radiante yo. Bethany Webster

Entrar en la herida requiere valentía y consciencia, requiere que permanezcamos despiertas y presentes en aquello que durante toda la vida nos ha nublado nuestra forma auténtica de ser. Pero debemos ser valientes, para salvar nuestra alma y recuperar nuestras partes perdidas y abandonadas, principalmente nuestra niña interior herida.

No tienes que estar completamente curado de todo trauma antes de poder ser tu auténtico yo. El núcleo luminoso de tu Ser se vuelve cada vez más accesible para ti a medida que das cada pequeño paso en el camino de la curación. Es un proceso gradual, no de gratificación instantánea o solución rápida. Es una transformación lenta que ocurre en pequeños incrementos. Bethany webster


Anexo: El proceso curativo de la herida traumática

Cuando realizamos un movimiento curativo en nuestra vida, ya sea a través de un proceso que se dio naturalmente, un tránsito terapéutico o un acto ritual, implica que ejercemos una fuerza en un punto específico de nuestro ser, la que luego comienza a expandirse hacia otras áreas de nuestra vida, reacomodando cada parte esencial en el paisaje interno.

Un sólo movimiento en el interior conlleva que muchas otras cosas se reacomoden en el alma. De aquí viene el llamado a trabajar con lo esencial, y sanar desde las bases de la vida, por sobre todo con nuestras grandes heridas, ya que aquí ejercemos una fuerza curativa palanca.

Éste movimiento lo visualizo tal como cuando lanzamos la piedra en el agua, ésta ejerce diferentes ondas de expansión hasta que el movimiento abarca el área total.

Así mismo,  el movimiento curativo es un rezo, una intensión de crecimiento y lucidez, lanzada desde nuestro corazón al corazón del cielo, y esto es un acto que una vez realizado, necesita ser cuidado con amor y tiempo.

Por ello es que, los cambios más profundos de la vida ocurren por capas, cuando hemos sido capaces de hacer la consciencia suficiente y esperar el tiempo suficiente hasta que la semilla del movimiento curativo comienza a crecer y echar raíces para quedarse.

¿Cómo cuido el proceso curativo? Haciendo tierra fértil alrededor de este.

Y aquí entra totalmente lo que realizo día a día incluyendo, cada una de las decisiones que tomo, los espacios de nutrición que me otorgo y los límites sanos que marco, desde la administración saludable de mis sí y mis no. Todo eso, permite que el movimiento curativo – como una semilla- eche raíces en mi vida y traiga cambios saludables que propician mi crecimiento.

Lo esencial es no perder la lucidez, para que cada una de mis decisiones diarias esté alineada con el movimiento de cura.

Después de un proceso terapéutico con una herida emocional ¿Has sido capaz de mantenerte lo suficientemente despierta para cuidar la semilla? Todas y todos estamos en esa misma tarea.

 

Con inmenso amor

Ximena

 

 

 

6 comentarios en «La importancia de reconocer si cargo una herida traumática»

  1. Hermoso escrito. Asi es no solo se trata de revonocer la herida u hacer uns terapia. Sanar una herida es estar conscientes de que significa sanar y tener el coraje o fuerza de voluntad inquebrantable para hacerlo. La sanación viene con el hacer dia a dia.. Es regar tu semilla diario con pequeñas acciones que te conduzcan por el camino de la sanación hasta ver florecer tu planta sanada fuerte hermosa brillsnte llena de luz y con raices profundas de amor. Gracias

    1. Querida Lourdes, gracias por leerme y compartir, que hermosa la metáfora de la planta, eso también es lo que a diario nos llama a maternar la herida. Un abrazo inmenso, Ximena

  2. Hola Ximena, te agradezco muchísimo compartir este material, es de ayuda y me veo reflejada en el cuando hanlas de adentarse en la herida mas profunda, hay que ser muy valiente ya que duele, pero es la unica manera de solucionar el problema de raiz y trascenderli transmutarlo.

    1. Querida Ángeles, así es, entrar de lleno en ella para descubrir su sabiduría profunda es el camino al que somos llamadas, un abrazo inmenso, Ximena

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