La culpa en el camino de sanar la relación con la madre

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Cuando existen heridas abiertas del pasado, además de dolor profundo asociado a la relación con la madre, muchas veces se experimentan diversos sentimientos confusos, que más que indicar el próximo pequeño paso en el camino curativo, terminan por paralizarnos en un estancamiento vital importante.

Aquí es, cuando el camino de sanación amerita ser mirado de una manera más profunda y consciente, de forma que sea posible extraer la sabiduría necesaria, para reconciliar la relación con la propia madre, hasta llegar a aceptarla tal como es y tomarla en el corazón.

La mirada profunda, se alcanza principalmente con un trabajo personal y terapéutico comprometido, que conduzca a procesar el propio dolor, el tiempo suficiente y necesario, hasta identificar reflexiones y aprendizajes importantes para la vida.

 

El rol de la cultura patriarcal en la herida con la madre

En el camino curativo existen factores externos en contra, que retrasan el procesamiento de la herida, alejando la posibilidad de reconciliación con la madre.

El principal de ellos, es la cultura patriarcal, la cual se ha encargado de infantilizar a las mujeres, presionándolas e incentivándolas a ocupar roles paralizantes y castradores, como el de la buena hija y la buena niña.

La herida con la madre, por lo tanto, proviene de las violencias profundas y estructurales ejercidas por un patriarcado enraizado a través de los linajes, siendo este mismo sistema patriarcal, el que posiciona a las mujeres a permanecer en la herida, al llevarlas a experimentar en algunos casos: rechazo hacia la madre, incomunicación con ella, en conjunto con la lucha y el menosprecio hacia la energía femenina.

Esto conduce a que muchas mujeres experimenten una negación y anulación de sí mismas y de los propios sentimientos asociados a la herida con la madre, al sentirse como las malas hijas.

Esto ocurre ya que es desde esta misma cultura, en que la mujer vive en la confusión paradójica de tener que aceptar a su madre casi por mandato, invisibilizando cualquier sentimiento contrario a ello, siendo que es esta misma cultura la que ha desencadenado esos sentimientos con la herida que se ahonda a través de las generaciones.

Hay algo que aquí debe ser reconocido y es que las heridas de la niña interna conllevan rabia, dolor y rechazo hacia la madre, y a pesar de que son incentivadas por un contexto, debemos ser capaces de darles lugar, haciendo conscientes estos sentimientos.

Una premisa clave de sanación en la vida adulta es mirar el dolor, atravesarlo, expresar lo que de niña no pudo ser expresado, sin avergonzarse o menospreciarse y sólo posteriormente, es posible dar lugar a la reconciliación, la aceptación, el amor y la reverencia hacia la madre.


Al respecto dice Bethany webster, autora y coach de mujeres quien ha desarrollado más ampliamente la temática de la herida materna: «Para la mayoría, es imposible sanar completamente la herida con la madre a menos que primero nos pongamos en contacto con nuestra ira. La ira y el dolor son aliados importantes para sanar la herida con la madre. Una vez vista completamente, la ira puede transformarse en una conexión más profunda con nuestra verdad, pasión, creatividad, originalidad y pura vitalidad. El dolor es lo que nos permite avanzar hacia la aceptación, la gratitud, la paz y la claridad».


Por lo tanto, la presencia de la culpa por sentirse una mala hija, es una forma de evadir los reales sentimientos de la niña interna. Sin embargo, este es un tipo de culpa patriarcal y tóxica, que nos hace sentir mal con nosotras mismas como mujeres y como personas, al no encajar con los mandatos de buena niña, buena mujer e buena hija.

 

La función de la culpa

Naturalmente, la culpa es un barómetro interno que me muestra como regularme, desde la consciencia de mí misma, llevándome de regreso al equilibrio en cada momento. Si he cometido una transgresión, la culpa me orienta para rectificarme.

En el camino de sanar la relación con la madre, la culpa aparece como un elemento transversal, ya que muchas mujeres la experimentan. Sin embargo, recordemos que generalmente ésta oculta otros sentimientos más profundos que necesitamos mirar. Entre estos la rabia, el dolor y la frustración de nuestra niña interna herida.

La forma de manifestación de la culpa que es tóxica (a la que Bethany Webster menciona como “la trampa”), limita la lucidez que se requiere, para crecer y  realizarse como una mujer libre, auténtica y creativa. Por lo que en el camino de crecer y sanar, la forma de trascender la culpa es reconocer aquellos sentimientos importantes que pueden ser incómodos.


«Estamos restableciendo un equilibrio aquí. Y para restaurar el equilibrio tenemos que dar voz a lo que ha estado silenciado, tenemos que hacer espacio para que el dolor sea legitimado y empatizado. Esa es una pieza radical y esencial de este trabajo». Bethany Webster.


La culpa tóxica y patriarcal aparece cuando cada mujer, intenta mirar hacia su libertad y autenticidad, cuando intenta tomar decisiones que pueden diferir de las de su madre, cuando está a punto de tomar su poder, cuando quiere manifestar opiniones diferentes a las de mamá e incluso cuando está accediendo a un nivel de vida y a una gran cuota de felicidad de la que no disfrutó su madre.

La culpa tóxica está asociada al no merecer, mientras lo que tengo no sea aprobado por mi madre, o ella no pueda tener lo que yo tengo ahora y también proviene del no poder salvarla a ella de sus problemas o sufrimientos. Este sentimiento se transforma en un círculo vicioso que jamás acaba y que conduce a un autocastigo constante y repetitivo que trae sentimientos de vacío e infelicidad, manteniendo a la mujer pequeña y paralizada.

Crecer y evolucionar, implica aceptar la incomodidad que los cambios de estado pueden implicar. Sin embargo, debemos aprender a lidiar sanamente con la culpa, porque existe, la hemos sentido. Podemos aprender a mirar más atrás de ella, para comprender que es un sistema de manipulación hacia las mujeres que viene desde una cultura. Ampliar nuestra mirada y hacer estas comprensiones profundas es lo que también ayudará a su sanación y extinción.

Lo que aceptas te transforma (C.G.Jung).

Por lo tanto, un paso clave en el camino curativo con la madre es dar lugar a los reales sentimientos de la niña interna, en lugar de intentar aceptar a la figura materna obligadamente. Esto preparará el lugar interior necesario para reconocer la herida y sanarla.

No es posible apresurar los ritmos orgánicos de un proceso de sanación, por lo que, aceptar que nuestra historia trae sus propios ritmos y comprendiendo que son incomparables a los de otras personas, es una forma de tratar maduramente conmigo misma.


«Si nos apresuramos a la gratitud y a la honra de la madre demasiado rápido, corremos el riesgo de no hacer la desintoxicación necesaria para que surja una gratitud auténtica». Bethany Webster


Debajo de la culpa tóxica, está aquello que realmente necesito ver de mi historia y de la cultura. Por lo tanto, desde la filosofía que siempre te comparto en la escuela, tenemos que ser capaces de aprender a ver lo que hay en el rio bajo el rio y hacer la mirada profunda y amplia de las cosas.

De no construir lucidez para nosotras mismas, seguiremos en el mismo lugar de siempre, con las mismas complicaciones, incomodidades, creencias y condiciones de vida.


Si la temática tratada en este artículo es tu caso, y conoces el peso de la culpa, busco hacerte una invitación a mirar profundamente en ella y reconocer el mensaje esencial que trae para la propia vida.

Si quieres puedes contarme en los comentarios aquellos aprendizajes vitales desde la culpa.

Con amor infinito, Ximena

8 comentarios en «La culpa en el camino de sanar la relación con la madre»

  1. Me siento muy identificada con este artículo, yo también siento mucha culpa de mis sentimientos hacia mi madre, y es verdad que eso no me deja avanzar. Mi actitud infantil sigue deseando que sea mi madre la que cambie, porque aceptarla a ella con su forma de ser me cuesta muchísimo, mi niña sigue muy dolida, y también me pasa que me cuesta mucho ser más madura que ella, ser yo la que crezca, avance, sane el linaje, etc Se que es el camino que yo elijo, y que ella no puede, pero aún así me es difícil, gracias por el artículo, me aporta claridad para seguir.

    1. Querida Ainhoa, te entiendo en lo que compartes y te agradezco tu honestidad y apertura. Que este camino de construir lucidez, continúe sostenido y en florecimiento, abrazo inmenso!!

  2. Me ha impresionado encontrar este artículo justo en el momento en que estoy tomando conciencia de esto. Es exactamente lo que me está sucediendo. Estoy estancada y siento tremenda culpa de crecer. Hacé poco retomé la terapia para poder trabajar este tema. Lo encuentro muy difícil. La culpa está muy arraigada. No había notado que era por el sistema patriarcal. Gracias por tu visión, me gustaría que se amplíe más el tema. Saludos!

    1. Hola hermosa, sin duda es un tema que llevamos profundamente arraigado, espero que el proceso terapéutico te ayude a ampliar tu mirada y encontrar nuevas comprensiones aliviadoras para tu alma, abrazo inmenso, Ximena.

  3. Me parece muy relevante lo que mencionas, alguien de tu referencia dijo algo sobre no apresurarnos para mirar con gratitud a la madre, y pienso que es clave y fundamental esto. Muchas veces sentía una rabia desbordada hacia mi madre, solo escribí mucho de estos sentimientos e incluso relaté algunas anécdotas que tenía que validar, aunque fuera yo sola, porque preciso eso era lo importante. La culpa hizo mucho daño en mi, porque fue instalada por mi madre en mi; sin embargo esto me ha llevado a recorrer otros lugares del alma, a encontrarme con gente tan sublime como tú, a conocerme mejor e identificar mis gustos aún a mis 46 años, a ser una mejor versión de madre para mi única hija de 7 años… en fin puedo decir que me sacó de un lugar y me llevó a otros que no termino de descubrir y de amar.
    Infinitas gracias!.

    1. Querida Tania, gracias por compartirnos tan hermoso y revelador viaje en tu camino de sanación, realmente, es un proceso de muchos descubrimientos y obsequios inesperados que se encuentran en el camino. Te envío un abrazo grande y deseo que tu camino continúa siendo cálido y amable con tu corazón

  4. Muchas gracias Ximena por enviarme este documento, la verdad el día de ayer desperté con mucha tristeza pensando en mi madre y hasta llore bastante. mi niña interna esta muy dolida. Crecí con un padrastro que siempre me humillo y me daño mucho psicologicamente sobre todo en mi adolescencia. Hoy tengo 34 años profesional, madre, independiente y hace una semana este padrastro me volvió a tratar super mal lo que despertó nuevamente las emociones de angustia, impotencia, etc. que me hacia sentir en mi adolescencia. pero lo que me duele y no puedo soltar es la rabia que me causa mi madre yo la amo a ella pero siento tanta rabia por que nunca a sido capaz de defenderme como hija. Disculpa si me extendí pero la verdad que necesito soltar eso si puedes ayudarme te lo agradecería. Quedo atenta a tu respuesta. Cariños.

    1. Querida Jo, gracias por compartir algo tan importante y personal. Espero que esa herida con tu madre, un día pueda sanar y brotar en sabiduría. Sin duda es difícil, pero a veces existen dinámicas más profundas y que no vemos. Con el tiempo, aprendemos a dejar de esperar que los padres sean de determinada manera y eso hace que duela menos, sin embargo previamente la rabia de la niña interna debe ser expresada, sin duda un proceso terapéutico individual o grupal te ayudaría un montón a procesar ese dolor, un abrazo inmenso, Ximena

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