Podcast. Episodio 2: Tres claves para ir de la autoexigencia a la autocompasión

Para hablar de autocompasión, necesitamos entender que esta no es lo mismo que autoestima, tampoco es autoindulgencia (no se trata de escusarnos de nuestros errores o responsabilidades). La autocompasión es una actitud que puedo adoptar conmigo misma y con los demás, mientras asumo mi responsabilidad en todo orden de cosas, y para esto quiero mencionar a Kristin Neff, psicóloga estadounidense pionera en la investigación y enseñanza de la autocompasión, quien plantea que cultivar autocompasión se trata de darnos a nosotros mismos el mismo cuidado, consuelo y apoyo que de forma natural hacemos llegar a quienes queremos cuando están atravesando un momento difícil. Piensa en esas personas que apoyas cuando tienen dificultades, y obsérvate a ti misma en tu actitud cuando se trata de otros. 

Por lo tanto, la forma más sencilla de pensar acerca de qué es la autocompasión se trata de ser una buena compañera de nosotras mismas, tratándonos con la misma amabilidad que mostraríamos a alguien que apreciamos. 

La pregunta que nos hacemos, por lo tanto, cuando hablamos de autocompasión es ¿por qué no somos capaces de tratarnos con la misma amabilidad con que tratamos a los demás?

Esto ocurre ya que las personas creen que necesitan ser exigentes consigo mismas para poder lograr sus objetivos. 

Sin embargo, desde la autoexigencia que nos proporcionamos internamente nace el miedo, y las personas se motivan a sí mismas e impulsan sus proyectos desde esta emoción. Por ejemplo, necesito lograr lo que quiero porque me da miedo ser un fracaso, una incompetente, una inútil, no ser lo suficientemente buena profesional etc. Hay una larga lista de palabras hirientes con las que seguramente te tratas si la crítica y autoexigencia es algo con lo que te identificas.

Pero toda esta forma de tratarnos internamente genera ansiedad, agotamiento y desmotivación en caso de que las cosas no salgan como esperábamos, y poco a poco nos derrumbamos. Incluso podemos caer en sentimientos depresivos o desesperanza con la vida, porque nuestro valor estaba determinado por lograr tal o cual cosa y cuando la autoexigencia no se cumple, aparece esa voz que castiga.

Por el contrario, la autocompasión resulta un impulso motivador mucho más efectivo que la autocrítica. La autocompasión es estable en el tiempo, es incondicional, es ese sentimiento de amabilidad conmigo misma, incluso cuando las circunstancias para mí son adversas o desfavorecedoras. Incluso si las cosas no salen como esperaba, tengo una palabra de aliento o una mirada interna amable para mí que me contiene y me dice: “tranquila, todo estará bien”. No me abandono, ni me castigo, sostengo lo difícil, sostengo el dolor y entiendo que es parte de ser humana.

Por lo tanto la autoexigencia, busca generar una presión interna para que podamos alcanzar esos estándares de aquello que deseamos lograr en nuestra vida. La autocompasión es estable en el tiempo, nos enseña cómo acompañarnos y sostenernos más allá de las circunstancias. Es decir también “estoy aquí para mí, sosteniendo esto, pase lo que pase”. Con la autocompasión mi valor no depende de algo que alcanzar, sino que me acompaño porque me entiendo como humana. 

En el segundo capítulo del podcast revisaremos cuáles son los 3 pilares que nos ayudan a desarrollar la autocompasión. Te invito a escucharlo.

Un abrazo inmenso, 

Ximena.