Sanar la madre interior exigente

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Nuestra madre interior nos cuida, de una manera similar a como nos cuidaba nuestra madre u otros adultos a cargo de nuestra crianza. 

Si nuestro modelo de madre interior no ha evolucionado lo suficiente, el modelo matriz de cuidado se reproduce, y así como fuimos tratadas, nos terminamos tratando a nosotras mismas. Es aquí donde estamos vulnerables a reproducir modelos en que nos depredamos, maltratamos o incluso nos tornamos demasiado prohibitivas, no dándole suficiente aire a nuestras alas.

Por un lado, cuando transitamos procesos terapéuticos que sanan la herida original, vivimos experiencias diferentes a las que nos otorgó nuestra familia de origen o incluso, nos vinculamos con personas, con quienes aprendemos nuevos modelos de maternaje que nos inspiran, entonces la madre interior que me fue dada por mi madre, evoluciona. De esta manera, puedo llegar a maternarme a mí misma de una forma más madura, luminosa y sabia.

La capacidad de cuidar de sí misma y de maternarse, es una cualidad que va evolucionando a lo largo de toda la vida, por lo tanto, la distancia que puede haber entre el modelo heredado y el modelo auténtico del presente puede ser abismal. 

Sin embargo, cuando no somos permeadas por nuevas informaciones sobre cuidarse a sí misma, naturalmente el sistema nervioso repite lo ya conocido como una manera de optimizar los recursos vitales. Cambiar un patrón infantil requiere un gran gasto e inversión de energía creativa.

En el modelo de la madre interna, siempre existe la posibilidad de que estén camuflados ciertos patrones que terminan por generarnos sufrimiento, desgaste o confusión en el andar. Puesto que se presentaron con suma fuerza en nuestro tiempo de infancia y por lo tanto, desde nuestro inconsciente están validados y asentados.

Por ejemplo, cuando en pleno proceso curativo aparece la madre interior exigente. Experimentando angustia y ansiedad por esa necesidad de ser espiritualmente productiva, obtener logros y conseguir avances. Nos encontramos frente a un patrón de autoexigencia, que se torna transversal a todo nuestro existir.

Cuando este patrón está presente, la exigencia en el proceso, junto con la necesidad de estar avanzando todo el tiempo, tornan contraproducentes ciertos hitos del camino curativo. Ya que un proceso profundo y genuino, requiere tiempo y paciencia para generar bases sólidas y asentar cambios que finalmente arraiguen nuevos y evolucionados modelos de maternaje que sostengan la expansión del ser.

Necesitamos esperarnos a nosotras mismas, y a la vez, tomar la mano de la niña interna para llevarla con seguridad hacia esos espacios que ella necesita habitar en un siguiente momento vital. Esta es una manera de enseñarle a la madre exigente que los ritmos de la niña interna son sagrados y de no respetarlos se reproduce la herida de sentirse insuficiente.

También sanamos a la madre exigente, cuando incorporamos los dotes de la vieja madre salvaje. Y ello implica realizar la práctica de dar alimento a la vida profunda y creativa, otorgandome espacios de inspiración, descubrimiento, creatividad y placer. 

La autoexigencia se cura con el disfrute y el asombro. Y de esta manera nos vamos movilizando progresivamente hacia un modelo de madre sabia y salvaje, que conoce sus límites, respeta sus tiempos, pero también tiene claridad, que de no otorgarse espacios para dar alimento a la vida profunda, el bosque interno se seca y la vida de cualquier mujer se torna triste, gris y vacía. 

Por lo tanto, la autoexigencia de la madre interna se cura con el cultivo constante del paisaje interior.

La Madre Salvaje necesita mucho alimento para cumplir su función. […] no se le puede poner a régimen con una hoja de lechuga y una taza de café cargado. Si la mujer quiere estar cerca de ella, tiene que comprender que a la Madre Salvaje le apetecen ciertas cosas. Para poder mantener una relación con lo antiguo femenino hay que guisar mucho. Clarissa Pinkola estés

Por lo tanto, para sanar el patrón característico de la madre interior exigente precisamos:

  1. Confiar en el camino andado, entregándonos a la inteligencia innata del proceso curativo, para que nos guíe hacia el próximo pequeño paso. Respetando en el tránsito, nuestros tiempos y ritmos.
  2. Descansar y soltar la necesidad de controlarlo todo o de hacer siempre algo provechoso para sí misma. Entregándonos al disfrute y la contemplación de aquello que la vida nos presenta.
  3. Permitir que el cuerpo se recueste sobre las tierras que en el pasado se estuvieron cultivando con tanto esmero. Disfrutar de la cosecha, de lo sembrado en el paisaje interno. 
  4. Detenerse. Permitir que la consciencia, cuerpo y corazón, respiren al unísono, con la tranquilidad de que el trabajo por y para sí misma, ya ha sido realizado. Contemplar esa belleza que nos rodea.

La madre interior exigente es un arquetipo enraizado en nuestra psique desde los tiempos de infancia. Es activa, ya que siempre nos pide más, llevándonos a sentir que lo que hacemos no es suficiente y que podríamos dar más de lo que damos. Que necesitamos alcanzar un nivel de perfección, ya que recién ahí, todo estará bien para nosotras. 

Si bien este arquetipo es movilizador, nos saca de la consciencia del presente. Ya que nos lleva a mantener la mirada en aquello que vamos a alcanzar con nosotras mismas y no, en el estado actual.

Necesitamos abrazar a nuestra madre interior, reafirmandonos a nosotras mismas que somos suficientes y merecemos ser amadas tal y cómo somos. De esta manera la madre interior exigente transita hacia una madre sabia y salvaje que nos materna desde la vida profunda. 

Con inmenso amor

Ximena

Un comentario en «Sanar la madre interior exigente»

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