Inspiracional

Mi historia con el dolor de espalda

Desde cierto tiempo de mi vida mi espalda comenzó a ser un tema, principalmente después de los 20. Para ese tiempo, por voluntad propia, había dejado de hacer todo lo que amaba y me había centrado en estudiar psicología. Dejé el teatro, la danza, el malabarismo y todas aquellas artes que tanto me habían enseñado a sacar la voz y mostrarme. 


El dolor en la espalda aparecía de una manera progresiva y sólo lo ignoraba o intentaba paliar de maneras temporales. Pero llegó un punto para el año 2012 en que realmente ya no daba más de dolor, no importaba si estaba sentada, acostada o en movimiento, me dormía y despertaba con dolores dorsales y lumbares. 

Ante ello, Intenté probar algo con la medicina tradicional pero lo único que me dejó fue decepción. Y luego de ello, para ese año el dolor de espalda comenzó a ser un viaje, yo sabia que podía estar mejor, y entonces con esa convicción inició mi búsqueda. 

Retomé la danza en 2013, empecé a escuchar mi cuerpo y la espalda se transformó en un barómetro emocional, cada vez que no expresaba mis puntos y emociones con asertividad, la espalda dolía. Así también cada vez que me autoexigía y autoexplotaba, sin espacios para el descanso y disfrute, también dolía. Así aprendí a escucharme y parar en el momento justo. 

Este viaje de escuchar mi espalda nunca acabó, y ni se imaginan todos los caminos y lugares a los que me llevó la búsqueda de sanación. 

Un día alguien me dijo algo que me marcó para siempre: “si no te realizas el mundo se va a volver una pesada mochila que cargar” y aquí encajó el rompecabezas, no realizar los verdaderos deseos del fuego de mi espíritu me hacía entrar en dinámicas de esclavitud, hacer algo porque lo tenía que hacer y no porque estuviera alineado con mi ser real. Esto fue uno de los aprendizajes esenciales de este tiempo de vida ya que puedo decir que el dolor comenzó a sanar, cuando comencé a ser una mujer más real y más auténtica, y claramente decidí asumir las consecuencias que ello implicaba, ser real no siempre es el camino más fácil. 

El año pasado el dolor volvió con intensidad por todo el contexto asfixiante y entonces descubrí otro hermoso regalo, la práctica asidua del yoga me hizo encontrar un mundo interior que me prometí a mí misma jamás dejar de cultivar y ojalá seguir siendo aprendiz de esta filosofía hasta ser viejita.


La verdad es que el dolor me ha llevado a construir una vida verdadera, escucharme, marcar límites sanos y cuidar con sumo cuidado mi energía, no  drenar mi vitalidad hasta más no poder, sino que aprender a parar en el momento justo en que comienzo a sentir el cansancio y saber decir no a otros en cualquier ámbito aunque me estruje de incomodidad. 


La espalda para mí es mi barómetro del alma, el dolor hace que no pueda obviar mis necesidades, el dolor me dice sé real con la vida y contigo misma, si intentas mentirle a tu esencia, te tornas esclava de las apariencias y la mochila se hace pesada otra vez.

Hoy sigo aprendiendo de este camino del dolor físico que viene y se va. Siempre me trae nuevas comprensiones. El dolor físico no ha sido tarea fácil, pero no puedo negar todos los obsequios que en el viaje de sanarlo he encontrado. 

Con amor infinito

Ximena

Soy Ximena y en 2013 fundé la Escuela Cántaro Sagrado para acompañar e impulsar a otras mujeres en su camino curativo. Para ello nos encontramos en cursos y entrenamientos donde estudiamos los elementos de una psicología profunda femenina que nos sostenga en cada uno de los desafíos de sanación y crecimiento del ser mujer.

3 comentarios en “Mi historia con el dolor de espalda

  1. Maravilloso texto y justo a tiempo como siempre,, desde ayer estoy con un dolor muy fuerte de espalda y al leer esto , es hacer conciencia de mi dolor y porqué volvió después de un tiempo que me había dejado.
    Gracias

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