Camino curativo de la mujer

Dejar morir lo que tiene que morir

Los fines de año, siempre me han parecido un tiempo clave para hacer un balance interno y externo de la propia vida, no necesariamente algo estructurado, sino más bien, me refiero al darse silencio y descanso a sí misma, para sentarse a mirar y sentir el paisaje de la existencia, específicamente, reconocer como fue cada tiempo del año, cada ciclo lunar, cada estación interna, con sus respectivas dificultades y dolores, descubrimientos, desafíos y logros curativos.

Si bien hacer un balance lleva tiempo, tengo algunas sensaciones que he observado este año extraño y difícil, y quizá a muchas les pasó lo mismo. Esta vuelta al sol, ha sido como un detenerme para reconocerme en un espejo profundo, por lo que, ver desde las raíces y el silencio el reflejo de mi alma, me ha llevado a dimensiones antes inexploradas de mi ser: dentro de ese espejo me reconocí, pero también pude ver a los ojos de la mujer que fui, asumiendo, que si bien me fue tan útil para atravesar situaciones desde su forma de funcionar, hoy la suelto desde todo mi amor, la dejo ir y de esa forma, simbólicamente ella se transforma en abono a la tierra.

Cuando me quedé quieta y en silencio, después de tanto hacer, después de tanto moverme de aquí para allá, fue cuando entonces descubrí la otra mujer y este concepto puede verse desde dos perspectivas, por una parte está la mujer que fui, como versión ahora antigua, y por otro lado está la que está madurando en mí. Desde nuestra vida interna femenina, vivimos con estas dos imágenes de nosotras mismas permanentemente.

Sin embargo, cuando no somos capaces de distinguir entre la mujer que fui y aquella que se es ahora, puede haber líneas difusas que nos inclinen constantemente a regresar a patrones de funcionamiento obsoleto. Para esto, siempre siento la necesidad de trazar esa línea entre lo que fue y lo que es, ya sea con un ritual personal, una carta escrita al pasado, un viaje o cualquier acto metafórico y concluyente, que le haga comprender a nuestro inconsciente profundo que de aquí en adelante es un nuevo inicio (como adivinarán mi forma favorita es escribir cartas y guardarlas).

Cerrar lo que ya fue, es también una forma de dar la bienvenida con los brazos abiertos y honrar todo aquello que la vida guarda para nosotras.

Clarissa Pinkola Estés dice: ‘La mujer vive una iniciación cuando aprende a dejar morir lo que tiene que morir.’

De esta forma, reconocer las señales que nos muestran donde hay vida y posibilidades para una misma, es una gran tarea de crecimiento y maduración, de lo contrario aferrarnos a lo ya muerto, sean proyectos, relaciones o sea que el tiempo de estar en un lugar ya pasó, nos pudre y envenena por dentro, llevándonos a un sin fin de manifestaciones del cuerpo y el alma, ya que implica un gran desgaste energético intentar revivir lo que ya murió.

Algunas veces en mi vida intenté sostener versiones de mí, situaciones y vínculos que ya habían muerto, sin embargo, les comparto y reafirmó todo lo que tiene que morir en realidad está en proceso de transformación, y lo mejor es permitir que esta transformación ocurra.

Como dice May Benatar en el cuento Kafka y la muñeca  “Cada cosa que amas, es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente“- .

Y seguramente las versiones anteriores de ti misma, también viven este mismo proceso.

Lo importante querida mujer, es que puedas reconocer que en esta existencia hay  tiempo para recibir con los brazos abiertos lo que tenga que llegar y tiempo para dejar morir lo que tenga que marcharse.

Es una danza.

Una poesía escrita por las leyes del universo. De esa poesía nació este escrito:

Dijo un día la voz del alma:

Hoy te extrañaste a ti misma, puedo verlo en el brillo de tus ojos, pero no puedes negar que en este tiempo de congelar tu viaje, quedarte en la caverna de la Osa e ir hacia adentro, te has conocido en esferas y profundidades que jamás hubieras podido hacerlo estando en movimiento.

Hoy te extrañaste, porque te diste cuenta que también te habías olvidado de cuidar plenamente tu ser, olvidaste bailar con las aves y trenzar tus cabellos con los hilos de sol. Pero hoy, espontáneamente te recordaste y abrazaste cálidamente tu corazón denuevo.

Hoy extrañaste tu ‘yo de antes’, lo puedo sentir en tu forma de caminar que a ratos se hace nostálgica, pero llora lo que tengas que llorar, para dejar ir las partes de ti misma que ya cumplieron su tiempo. Debes comprender que después de estar tanto tiempo en el silencio de la caverna, jamás volverás a ser la misma. Algo silencioso y renovado está naciendo de las entrañas de la naturaleza.

En este tiempo de espera y calma, tus raíces han crecido hasta el centro mismo del corazón de la tierra. Es un detenimiento sabio y sagrado.

¿puedes ver como el detenerse para mirar hacia dónde vas, también es nutricio y forma parte crucial para continuar el camino?

Cuando inicias el viaje con el corazón despierto, todo toma un sentido, todo se enfoca para dar en el blanco, incluso cuando crees que estás estancada, en realidad estás avanzando.

Todo forma parte querida humana y recuerda que cuando pierdas el rumbo, te olvides de cómo encender el propio fuego o hasta te ignores, descuides y abandones, siempre llegará un día para volver a elegirse y decirse sí a si misma.

Con amor infinito siempre

Ximena Nohemí

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Soy Ximena y en 2013 fundé la Escuela Cántaro Sagrado para acompañar e impulsar a otras mujeres en su camino curativo. Para ello nos encontramos en cursos y entrenamientos donde estudiamos los elementos de una psicología profunda femenina que nos sostenga en cada uno de los desafíos de sanación y crecimiento del ser mujer.

4 comentarios en “Dejar morir lo que tiene que morir

  1. Gracias. me encararon tus escritos, me llegaron al alma, me conecta con mi Divinidad y me deslumbra. Renazco cada vez que despierto de mi sueño y me observo, me siento, me veo y sonrió.

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