InspiracionalSanación femenina

El corazón es el centro del ser

El corazón es el centro del ser, es un lugar prístino donde habita nuestra verdad, nuestro ser real, por lo tanto, es el gran templo interior humano.

De esta forma el corazón siempre capta lo real en cada persona, lugar y situación, y su forma de percibir y comprender la información, es prácticamente más rápida que la velocidad de la luz. El corazón siempre sabe primero.

El corazón es un centro que sólo puede ver lo real.

Nuestra tarea es aprender a confiar y escuchar este motor incansable de la vida, de esta forma, sus señales nos van marcando el camino, y con sentires y intuiciones, y corazonadas el corazón nos va hablando.

Sin embargo, a lo largo de nuestra vida, para sobrellevar los dolores no sanados e integrados, nos autogeneramos corazas, que son costras o cristalizaciones que van cubriendo nuestro corazón, por ende, alejándonos de él. Éstas, son autoprotecciones que nos advierten de un nuevo daño externo, sin embargo, también nos alejan de la posibilidad de aprender de los errores y heridas y de llegar a vivir como seres adultos completos y plenos.

Es por ello, que de adultos, cuando ya tenemos la fuerza y herramientas internas idóneas, podemos realizar el viaje de retornar al corazón, por ello es que sanar siempre lo veo como un retornar, sanar es volver a sí mismo, regresar a lo esencial, aceptando y abrazando nuestra posibilidad de ser sensibles y vulnerables.

Sanar es asumir el riesgo de vivir plenamente, dejando atrás el espacio del confort autogenerado hasta aprender a exponerse plenamente a la vida.

Aceptar sanar, es también un desafío, ya que al ser un peregrinaje requiere que yo asuma todos los riesgos y pérdidas que implica este viaje.

¿Cuáles son estos riesgos? Quedarme desnuda, sin escusas, sin corazas para experimentar la vida, y esta desnudez es estar verdaderamente vivo.

En el sentido anterior, la meditación resulta una herramienta maravillosa para peregrinar desde la cabeza al corazón, ya que el mirar hacia dentro, nos disciplina y nos entrena en reconocer nuestra propia verdad. Entre más practicamos en disciplinar nuestra mente, hay menos ruido y la voz suave del corazón – que es la voz de la vida misma- se va haciendo más clara, más nítida, más cercana y resulta que con el tiempo ya no dudas ni un segundo de esa voz.

Aprender a escuchar la voz del corazón es un arte que puede ser recordado y entrenado. La meditación como práctica asidua es una excelente forma de disciplinarnos y volver a nosotros.

Meditar es el medio de transporte para volver a ti.

Por Ximena Nohemí

 

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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