Sanación femeninaSanar con la madre

El arte de maternarse: Parte II

Maternarse es un arte que se va puliendo y refinando a lo largo de la experiencia vital, dentro del crecimiento natural en los vínculos y en torno a aquello que nos inspira.

Crecer implica tomar progresivamente a los padres dentro nuestro, llegando a alcanzar una versión sana y sabia de ellos en el interior, lo que es posible, a través de experiencias que se van tornando transformadoras y curativas.

Cuando ya somos adultas, no precisamos de la presencia física de madre y padre para que la vida pueda desarrollarse en equilibrio, ahora ellos quedan libres ya que viven dentro nuestro y, por lo tanto, podemos ser capaces de nutrir, contener y marcar límites saludables en la propia vida.

De adultas, la madre se ha desplegado dentro con todo lo que ella es, su estilo al moverse, su voz, su energía y hasta su personalidad, incluyendo gestos y forma de hablar. En ocasiones ocurre que esta madre continúa viviendo con tal fuerza dentro nuestro que existe una réplica exacta de ella en el interior, de esa manera espontáneamente nos vemos relacionándonos con el mundo como lo hacía ella, simple, somos un pedazo que viene desde su inmenso universo. Sin embargo, el desafío de cada hija aquí es honrar lo que ha recibido desde la propia madre y encontrar luego su propia identidad auténtica, para llegar a ser la madre genuina y sabia de sí misma, y por sobre todo para llegar a encuerpar a la mujer que vino a ser a esta vida.

En cuanto a esto, es importante que sepamos que los modelos de maternaje son traspasados generación tras generación, desde nuestra abuela, se traspasó hacia nuestra madre y desde nuestra madre a nosotras, y cuando estos conservan información que resulta carente de fuerza, nuestra vida puede tornarse un sacrificio. Pues ocurre en ocasiones, que la madre interior se vuelca hacia las necesidades de nuestra propia madre, y en lugar de cuidarnos a nosotras mismas cuidamos de ella infantilizándola y haciendo ojos ciegos de su grandeza.

Aquí la vida muchas veces se torna pesada, pues estamos saliéndonos de nuestro lugar de hija para dejar de mirar hacia la vida y ser una madre simbólica de nuestra propia madre, lo que nos priva de la posibilidad de maternar saludablemente nuestra propia vida. Esto es algo que merece la plena atención, pues es trascendental reordenar terapéuticamente el vínculo con nuestra madre y realmente ocupar el lugar de hija de ella. Ésta es la base para que podamos llegar a ser la madre sabia, sana y dulce de nuestra propia vida.

Aquí te comparto una clave base:

Ocupar nuestro lugar es el primer y más importante paso clave para llegar a maternarnos. ¿Te comportas como hija? O más bien ¿Tiendes a ser la madre de uno o ambos de tus padres? Si en lugar de ser madre de ti misma y cuidar tu propia vida, estás siendo madre de los más grandes de tu linaje estás transgrediendo una ley importantísima, lo que puede traer consecuencias para tu vida.

Entonces, es en este punto comienza el camino de sanación espiritual de toda mujer, recuperar el lugar genuino que le fue dado para esta existencia, allí reside toda la fuerza creativa para desplegar en sus creaciones y vivir una salud plena.

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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