Sanación femenina

Sobre las heridas no sanadas

La herida no sanada, se convierte en una vulnerabilidad latente que nos esclaviza, limitándonos a comportarnos dentro de las fronteras que nos presenta el dolor que ésta nos produce. Con los años, esta herida va tomando fuerza, a medida que la vida pasa y no nos hacemos cargo de ella, se va transformando en un lobo hambriento y despiadado que tiene la mirada feroz y los colmillos afilados, y que siempre está a la defensiva y listo para dar un mordisco a cualquiera en quien se desconfíe o parezca amenazante. Ante las dudas mejor morder primero.

La herida no sanada puede permanecer inaudible e invisible, bajo capas y capas de corazas, sin embargo, siempre continúa sangrante como un rio subterráneo, y muchas veces causa un dolor antiguo que resulta tan agobiante, que podemos llegar a ser infieles a nosotras mismas con tal que nos deje de doler o se nos olvide sólo un momento.

Una herida no sanada puede llevar a que vendas tu alma a quien sea y a cambio de lo que sea, incluso a quien te depreda, y es esa infidelidad evidente que lleva a que cualquier avance en la curación de la misma herida retroceda súbitamente, a causa de los propios apegos y la propia incapacidad de hacernos cargo del pasado, para llegar a maternar esa herida con amor.

La herida no sanada, cuando es de amplias dimensiones, puede tomar poder hasta controlarnos o incluso dominarnos como un dictador que vive dentro del alma. Es esta figura arquetípica de la psique que nos lleva a tomar malas decisiones, elegir caminos sin corazón u optar por adicciones voraces que luego resultan prácticamente irrenunciables. Todo esto con tal de olvidar el dolor al menos por un momento.

Más allá de todo intento infructífero de borrarla, debes saber que la herida sigue ahí, sigue despierta, jamás descansa, nunca se duerme, es una niña herida que grita y hace pataletas constantemente con tal de que el alma que la porta pueda consolarla, sin embargo, muchas veces los apegos, miedos y obsesiones son los únicos que acuden en su encuentro intentando consolarla sin éxito.

¿Qué nos queda ante ello?

Aprender poco a poco a maternar nuestras heridas, cuidando cada espacio herido del alma con el mayor amor que jamás hayamos experimentado. Por defecto este aprendizaje luego se extrapola en un amor a la vida y la existencia, lo que se traduce en una nueva forma de vivir.

¡Feliz primavera!

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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