Cuento MedicinaSanación femenina

El rezo de una mujer

Sólo estaban ella, la tierra y el cielo.

Podía pasar horas mirando la forma de las nubes y soñar que eran dibujos que el espíritu le mostraba intentando comunicarle cosas a su alma.

Mientras miraba el infinito, soñaba sanar, soñaba crear, soñaba amar, soñaba sonreír más a menudo, soñaba estar más en paz consigo misma. Y a medida que las imágenes se mostraban ante ella, vibraba con todo eso que pasaba por su corazón mientras soñaba.

Cada vez que visualizaba todo lo que anhelaba en su vida, su alma danzaba de emoción y amor por todo lo que venía para ella, eso sin duda, era una clave muy importante en su proceso de co-creación.

Su rezo era simple, pero cargado de una fuerte confianza y convicción, ya que era tal como una flecha lanzada hacia lo alto. No necesitaba más que a ella misma en presencia plena con la madre tierra, formando desde su corazón un puente entre ella y el espíritu.

Podía sentir como en esa instancia meditativa, sólo estaba ella disponible ante el universo. Pues estaba realizando una auténtica conversación con la existencia. Por lo tanto, en esa simple conexión que establecía desde muy pequeña, había aprendido a hacer magia, manifestando gran parte de sus sueños más nobles en la materia.

Su soledad le había enseñado a entablar una genuina relación con el todo y por eso creció sintiendo que para crear bonito, debemos rezar bonito.

También, esa misma soledad le había enseñado que para elevar un rezo sólo se precisa estar aquí y ahora. Con el corazón abierto a la espiritualidad y una confianza plena en que la vida guarda los mejores obsequios que uno merece.


Cuando recuperamos la capacidad de rezar, resinificando este concepto desde el que nos ha enseñado cualquier religión, recordamos como entablar una auténtica conversación con la existencia. Con el aire, el agua, las nubes, las aves, la tierra etc. En esta interacción, el yo desaparece plenamente y llegamos a una comprensión vital más allá de nosotros mismos.

Una danza, un canto, una caminata por la naturaleza, mirarnos y sonreírnos son un rezo. Por lo tanto, hay tantas formas como corazones y almas habemos en el mundo.

Todo aquello que anhelamos y es intencionado con el espíritu vibrante, se manifiesta tarde o temprano en la materia. Cuando somos capaces de ver más allá del beneficio personal de nuestro anhelo, nuestro rezo se transforma en un árbol. Éste alimentará a muchos corazones humanos, contribuyendo a algo más grande y más trascendente.

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

Leave a Reply

avatar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  Subscribe  
Notify of