Sanación femenina

Carta de un HOMBRE para la PAZ con lo FEMENINO

Benjo Podlech
Psicólogo y coach transpersonal

Quiero compartir mi sentir como hombre frente a los discursos y movimientos con lo femenino. Tengo experiencia haciendo charlas sobre sexualidad consciente masculina, círculo de hombres y he participado también en círculo de mujeres, sumado a mi experiencia profesional en contextos de empresas, educativos, y de crecimiento personal en Chile, Argentina y España, por lo que me ha tocado escuchar y compartir con mujeres de distintas nacionalidades y realidades, habiendo puntos en común muy interesantes.

Mi objetivo con este artículo es dar una visión compasiva y de la responsabilidad que cada uno tenemos para perpetuar una lucha o más bien cultivar la paz.

La campaña de #niunamenos generó un gran movimiento social en distintos países sobre el trato que silenciosamente miles de mujeres han recibido durante su desarrollo. Un trato machista, sin respeto, provocando que tengan miedo de caminar solas por las calles porque algún grupo de hombres puedan cazarlas o por otro lado el peso de los juicios de una sociedad machista frente a la liberación femenina a través de una mujer que vive sin tabúes su sexualidad y placer.

Es cosa de abrir los ojos y ver como nuestras amigas iban recibiendo el peso de una sociedad que las castra en su libre expresión, a diferencia nosotros los hombres que vamos teniendo una mayor libertad de elección y actuamos sin el peso de los juicios de la sociedad en comparación con los que se les hace a las mujeres.

Aún en las sociedad occidentales se hacen diferencias abismales entre hombres y mujeres: diferencias de salarios, la misma tuición de los hijos dando prioridades a las mujeres sin por ello analizar el caso a caso lo que sería beneficioso para el niño; las áreas de desarrollo por ejemplo de crecimiento personal que de niño me ha tocado compartir más con mujeres que hombres y así, una larga lista de espacios donde participan más hombres y otros más mujeres.

La sensación de injusticia, rabia, tristeza van silenciosamente acumulándose en mujeres que van creciendo en estas sociedades.

Identificación con el dolor

Muchas mujeres, por no decir casi todas, han recibido algún maltrato físico o psicológico de algún hombre. Esa experiencia ha tenido repercusiones en los vínculos que van generando con nuevas personas sean hombres o mujeres.

Esos vínculos siguen ciertos patrones de comportamiento, provocando que se repitan las mismas historias con distintos personajes y la misma sensación de la cual se está escapando.

Así varias veces me pasó como hombre que dando un buen trato a la mujer que me gustaba, con respeto, detalles, en resumen sin violencia ni provocar dolor, me frustraba de ver que no le atraía o simplemente iba en busca de aquellos hombres que les diera esa cuota de sufrimiento para así sentir amor. Observé una y otra vez una identificación con el dolor.

Entender el amor mediante el dolor, lo difícil. Intenté como hombre jugar ese rol de hombre indiferente, que no tocaba delicadamente con sus palabras sino con fuerza, y más mujeres se iban interesando.

Sin embargo, eso fue un personaje, simplemente una puesta en escena para comprobar que aquello que se quejan varias mujeres, es justamente por lo que se sienten atraídas.

Compartiendo con mujeres vi a varias en un proceso profundo de limpieza, de trabajo personal y de empoderarse como mujeres. Vi que estaban conscientes de ese patrón y lo estaban soltando. Vi entonces que no lo eligieron, fue algo que el mismo ambiente donde crecieron, les mostró esa manera de relacionarse.

Entonces conversando con varios hombres, les pasaba algo similar. Eran los tildados como “buenos” y puestos en la zona de amigos por la gran mayoría de las mujeres. Tanto ellos como yo, no entendíamos porque el buen trato provocaba incomodidad o por otro lado significaba ser solo amigos. Los que no seguíamos el estereotipo de hombre, nos encontrábamos en un umbral en que nuestros pares no nos representaban y a su vez las mujeres que nos gustaban, no se fijaban en nosotros.

Y también habíamos aprendido a sentirnos atraídos por aquellas mujeres que fueran indiferentes, difíciles y que nos pusieran desafíos constantes. Lo que fluía y era simple era sinónimo de extraño y ajeno.

Estábamos hombres y mujeres en un escenario nocivo en la manera de vincularnos. Las mujeres cada vez más con mayor voz y capacidad de unirse para expresarse y sanarse, y los hombres en silencio o en solitario viviendo el mismo proceso de liberarse de roles y estereotipos sobre los hombros.

Escuchar

Fue así que como hombre me puse a escuchar las historias de decenas de mujeres sobre su perspectiva con lo masculino.

Donde emocionadas algunas agradecían poder sanar la figura masculina en ellas mismas, por el simple hecho que un hombre estuviera ahí para escuchar sus sentimientos sin juicios.

Comprendí entonces que el ser distinto a lo normal, a lo esperado en la sociedad, era una ventaja. Ir desinteresadamente escuchando a mujeres, abriendo el tema de conversación. Teniendo por consecuencia estar rodeado de mujeres constantemente, no por hablar del tema siempre, sino por el trato respetuoso y amoroso desinteresado.

En un artículo que escribí hace un año, llamado “Guerreras, Dulces Guerreras” honraba la figura femenina por todo lo que significa ser mujer: el poder de su útero en sus ciclos y de dar vida, su corazón lleno de amor cuando se abre a dar, su cuidado del espacio y de unas a otras, etc. Donde era mi deseo como hombre decir “no están solas” en su lucha.

El tiempo transcurrió y en Miami, USA tuve la oportunidad de expresar en un artículo llamado “Ser hombre y Consciencia” la sensibilidad que tenemos los hombres, nuestras ocultas necesidades y nuestras nueva manera de luchar no con puños, sino con el corazón.

La escucha que me refiero es mutua, saliendo del machismo y entrando a valorar a la mujer por lo que es y las mujeres a los hombres por lo que somos… ¿Cómo lograrlo sin resentimiento?

Paz y nuevas formas de amar

La palabra “lucha”, “guerrera”, “guerrero”, “feministas”, “machistas”, etc. Tienen un sinfín de consecuencias en nuestra manera de pensar y actuar.

Reconozco que mi intención de usar el concepto de Guerrera y Guerrero vienen alimentados por lo que aprendí en decenas de ceremonias indígenas, que se resumen en que un guerrero es el que sigue el camino del corazón.

A pesar de ello, si vemos todo como una lucha, que no niego que pueda ser necesaria a nivel colectivo, habrá que reconocer que nos alejamos de la paz. Lucha y paz son inversamente proporcionales.

Y la paz que me refiero no es pasiva, conformista y que no se exprese. Todo lo contrario. Hablo de una actitud, en que se tomen acciones DESDE LA PAZ.

Por más de 10 años he estado luchando desde adolescente con los estereotipos de los hombres, contra otros hombres. Por años he visto la lucha cada vez más fuerte de las mujeres hacia el machismo y micromachismo. Sin embargo, veo que es una manera de poner un cierto límite, como un llanto cuando una persona se guarda lo que siente.

En todos estos años, la paz ha sido la gran maestra que estoy conociendo ahora.

Y si hablo desde la paz reconozco que me duele todo el sufrimiento que niñas, mujeres y abuelas de todo el mundo reciben sin buscarlo; me encantaría poder abrazar a cada mujer vulnerable y cansada de sus heridas con lo masculino, para envolver en tierna firmeza que ya pasó, no va a volver a pasar y hoy es una nueva oportunidad.

No es posible borrar las experiencias ni el pasado, si lo es poder tomarlas con lo más dulce de tu ser y darles las gracias que hoy estás leyendo estas letras, resonando en algún lugar para comprender poco a poco, todo lo que has crecido, todo el contacto con la vida que tienes por esos dolores. Verlos con paz es una decisión, actuar con paz una actitud.

Si ves a un hombre, no deposites en él toda tu rabia y decepción, míralo como un ser con su lado femenino y masculino frente a ti, que quiere conocerte y compartir como amigo, amante o hermano. Lo mismo para los hombres que nos atrevamos a abrir nuestro corazón y a aprender de ustedes esa delicadeza, ese tacto con la vida que es medicina al espíritu.

Así nuevas formas de amar desinteresadamente emergen cuando la paz es la causa y efecto de nuestro paso a paso por los momentos, situaciones y las personas.

Si me quiero, entonces entrego cariño como un acto de honrar a la vida.
si me acepto, abrazo toda tu historia sin juicios
Si me cuido, aprendo de tu experiencia
y si estoy en paz, con lo mejor de mí mismo le hablo al corazón y miro tus ojos.

Benjo Podlech
Psicólogo y coach transpersonal
www.integralmente.cl
benjo.coaching@gmail.com

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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