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Desaprenderse para reaprenderse

Mientras caminaba por el bosque, los árboles, el viento y el canto dulce de las aves le hicieron saber que había llegado el momento de renacer. Para ello, tenía que pagar el precio que implicaba tal hito para su vida: olvidarse de quien había sido hasta ahora, desprenderse de lo antiguo y reaprenderse completa, observando con nuevos ojos cada centímetro de su cuerpo, cada oleada de sus movimientos y cada espacio de su vida en el presente.

Primero que todo, tuvo que olvidar que hasta entonces sólo había caminado con prisa, para reaprender a caminarse lento y seguro, y desde esta nueva forma, saborear cada paso que daba, sintiendo cada metro que avanzaba y registrando desde un nuevo filtro cada lugar por el que pasaba [independiente de si ya había pasado unas mil veces antes]. Pues se había dado cuenta que si el tiempo no tomaba sabor, no era vivido realmente.

Tuvo que desaprender aquellos miedos permanentes y paralizantes, con los cuales había convivido cada día de su vida, para reaprender que la existencia la maternaba segundo a segundo, sin dejar un instante de cuidarla y en ello la mecía en el tejido celular del universo ancestral e infinito.

Tuvo que desaprender su herida natural en relación con la soledad y aprender que era parte esencial de la vida adulta hacerse cargo de ello, puesto que es cuando más fuertemente puedes conocer como ser madre y padre de ti misma, y en ello cuidarte y nutrirte hasta abrazarte “sin juicios ni comparaciones” en un liviano y sano amor.

Tuvo que desaprender completamente la vida que había tenido, renunciando a aquellas condicionantes barreras que había construido, para parecer fuerte ante las plantas carnívoras que amaban devorar seres vulnerables y aparentemente desolados.

Tuvo que desaprender antiguos sueños e ideales, para aprender a mirar la vida y las personas en su completitud, sin las idealizaciones que provenían de obsoletos filtros del pasado.

Tuvo que desaprender mandatos ancestrales a los que guardaba profundo apego y amor, para reaprender la verdad de su alma, practicando una completa fidelidad consigo misma hoy y cada uno de los días de su vida.

Tuvo que desaprender los cuentos que hasta entonces otros le habían contado, para inventarse los suyos con su propia magia y sabor a sí misma.

Tuvo que desaprender la preocupación, para reaprender a ocupar su preciado tiempo óptimamente.

Tuvo que desaprender a cerrarse puertas ella misma, para aprender a abrirlas desde adentro.

Tuvo que desaprender de su completa disponibilidad, y renunciar a lo que le quitaba energía por muy importante que fuera para ella.

Tuvo que desaprender su relación con los fantasmas antiguos, para reaprender que podía abrazarlos valientemente.

Tuvo que desaprenderse y renunciar a sí misma, para parirse completa en autenticidad con la versión que estaba naciendo ahora.

Así, a medida que se fue desprendiendo de todo lo que ya no era,  reaprendió a caminar liviana, sin armaduras, sin bastones y por sobre todo, sin equipaje.

Y así fue por mucho tiempo, cada día se desapegaba de una parte de sí misma desaprendiéndola, para disponerse a reaprender cuál y cómo era su vida auténtica.

¿Quién había sido realmente todo este tiempo mientras mantenía un apego natural y ciego a todo lo que ya no estaba en sintonía con su vida?

Hasta un momento de su pasar en la existencia, ella había sido algo que los otros le habían contado. Cuando era muy pequeña se lo habían contado sus padres, luego los maestros en la escuela, luego sus amistades y demás círculos. Ahora ella quería contarse quien era realmente, reconociendo a la voz que la llamaba desde adentro- a gritos- desde toda la vida.


Mujer, despierta, abre bien los ojos, es muy probable que “la que llama” también está intentando contactarte desde adentro usando todos sus recursos, intentando captar tu atención a toda costa ¿la has oído?

Puede que sus señales sea hacerte sentir ajena a entornos que solías frecuentar. Esa enajenación, es lo mejor que puede pasarte en un momento de tu vida que no tiene el suficiente fuego creativo para encender tu corazón.

Por lo tanto, recuerda estas palabras: Hay momentos de tu vida en que sentirte ajena puede ser el sentimiento más sagrado, ya que te arrastra necesariamente a reencontrarte con tu alma.

Si anhelas realmente estar para ti misma, deberás tener la fuerza suficiente para marcar límites sanos ante el sin fin de demandas que vendrán oportunamente desde otros, para que tú tengas la fuerza necesaria para aprender a ser la mejor guardiana de tu espacio sagrado.

 

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

7 comentarios en “Desaprenderse para reaprenderse

  1. Ximena, precioso relato. Llega a mi el día de hoy, en perfecto tiempo, fui guiada a ésta lectura el día de hoy para terminar de cerrar el concepto de todo lo que estoy pasando en estos momentos de mi vida. Gracias por compartirnos todo y mucho más. Besos y abrazos para ti.

  2. Gracias Ximena Nohemí por estar ahí siempre que te busco para seguir adelante en mi propio proceso. Tanta sincronía de alma a alma, que todo lo que escribes me sana y nos sana a tantas, en este hoy ancestral y tan necesario. ( Fui, soy, seré ) (cuándo tendrás un taller ?? )
    Gracias

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