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¿Por qué los úteros “guardan” memorias?

Aquí un pequeño adelanto de la segunda edición de “Relatos del Cántaro” que se viene recargada de cuentos y escritos alquímicos, muy pronto en este 2018.


En aquel tiempo en que todo fue devastado, cuando la brisa matutina ya no soplaba de la misma forma y los pájaros ya no cantaban melodías al viento. Las mujeres debieron buscar un lugar donde esconder toda la sabiduría acumulada a través de las generaciones, de lo contrario todo sería destruido sin piedad.

El conocimiento de la espiritualidad y la medicina de los bosques era lo único que les quedaba a las brujas, magas y chamanas, y estaban dispuestas a ofrendar su vida con tal de protegerlo.

¿Cuál podía ser un lugar donde jamás podría ser revelada y quemada?

Ese lugar sagrado, inalterable e infinito era, el útero, pues éste aseguraba la permanencia y el traspaso a través de las generaciones.

Así fue como una vez que acabó la devastación comenzaron otras guerras entre los humanos. Sin embargo, las mujeres seguían guardando y traspasando el conocimiento sagrado a través del hilo rojo, y así tenían la certeza de que aquel regalo también fuese recibido por las hijas de las hijas de sus hijas y más allá.

Puede ser que miles de años después el género femenino haya olvidado la sabiduría antigua que guarda en su cántaro. Sin embargo siempre que las mujeres se reúnen en círculo, caminan por el bosque o incluso comienzan a prestar atención a su vientre o sus sueños, algo empieza a despertar sutilmente en sus almas. Aquello es una herencia sagrada que espera anhelante por ser tomada.

Por Ximena Nohemí

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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