Sobre nuestras heridas

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“La herida es el lugar por donde la luz entra” Rumi

¿Será que todo humano de carne y hueso tiene una herida? Ese registro de información que se guarda en la piel ,llevándola a todos los lugares que vamos. Por más que tratemos de ocultarla, saldrá a la luz por cualquier espacio que encuentre para mostrarse, le gusta ser vista y amada, aunque el ego siempre intenta esconderla.

Muchas veces las heridas rasgan la piel y la dejan abierta, tal vez produciéndonos un dolor inimaginable- no sólo de la herida- sino también del corazón, los huesos, los dientes e incluso hasta el alma.

Solemos creer que el tiempo se hará cargo, aunque los únicos que debemos hacernos cargo somos nosotros mismos y exclusivamente acunando esta herida con amor, respirándola, dándole lugar.

El tiempo sólo nos permitirá olvidar un rato, e incluso en ese lapso de ignorancia podemos sentirnos sin una gota de dolor. Sin embargo la herida siempre sabrá cómo escapar, ya sea con un síntoma, un pensamiento constante, un límite o dificultad entre tantos otros.

Si olvidamos la herida y no aceptamos darle un lugar, tarde o temprano cobrará su deuda de ser sanada, es lo más justo para ésta.  Y este momento puede llegar con un suspiro, una lágrima, un encuentro con una persona, e incluso una profunda conversación.

Habrá algo o alguien que será aquella llave que reabrirá la herida y cuando eso ocurra te invito a abrazarla y contenerla con todo el amor del mundo, como quien sostiene y acuna aquello que más ama.

Las heridas no tienen rostro, pero si  mil caras. Y solemos ponerle el nombre y rostro de la llave que abre la puerta a su sanación. Lo único que nos produce ésta situación es liberarnos falsamente. Parte de la sanación es quitarle el rostro con que la estás identificando.

La sanación es muy amiga de la atención plena y el amor que se da a la herida, de ello hay un bosque que crece en cada uno de nosotros, en cada árbol hay un nuevo aprendizaje.

Cuando crece este espacio dentro de cada ser, es inalterable, pues su legado perdura por el resto de los días de nuestra vida, y allí podremos ir cada vez que lo sintamos, sólo hará falta cerrar los ojos y visitar ese bosque sagrado.

Debemos saber que no importa que tan grande o que tan pequeña sea una herida, sólo hay un principio; y es que si esa herida cabe dentro de ti, es porque eres más grande que ella. Por lo tanto puedes tomarla entre tus brazos, soltar el control y la frustración de tenerla, y abrazarla con todo tu amor.

Cierra los ojos, respira tu dolor en absoluta calma.

Por Ximena Nohemí

“Te has perdido en tu cabeza, amigo.
Vuelve a tu corazón ahora.
Dulcifícate en el momento.
Vuelve a Casa.
Deja que las expectativas se derritan.

En el silencio.
En un nuevo comienzo”.

– Jeff Foster

Creadora de Cántaro Sagrado, psicóloga y psicoterapeuta dedicada a la investigación y resignificación de memorias uterinas. Le apasiona escribir, danzar, viajar y acompañar a otras mujeres en su proceso de sanación. Es por ello que hoy su trabajo busca sanar la raíz de todo lo que pueda dificultar el máximo despliegue del propio potencial en el presente, para que vivamos en este mundo como mujeres y hombres cada día más en paz.

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